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DE LA TEOLOGÍA EXEGÉTICA Y BÍBLICA

Por cristianogiv - 12 de Agosto, 2006, 1:00, Categoría: General


PROLEGÓMENOS (5)


DE LA TEOLOGÍA

EXEGÉTICA Y BÍBLICA


Ubicación de la Exégesis

El tratado de la Palabra de Dios, la Teología, emplea distintas maneras de acercarnos al depósito de Dios.  A ese nombre, Teología, se le ha dado varios adjetivos, según las características como uno se acerca a ese depósito de Dios.  Se había iniciado por la Teología Natural, la revelación de Dios acerca de Sí mismo a todos los hombres a través de la creación, a través de lo que existe, fuera de la revelación especial en las Sagradas Escrituras.  De eso se ocupa la Teología Natural.  Teníamos que pasar entonces a la revelación especial, la que está contenida en los documentos de las Sagradas Escrituras, y teníamos que detenernos un poquito en la consideración de la Teología Exegética.

La Teología Exegética se diferencia de la Teología Natural.  El objeto de la Teología Natural es lo que Dios ha revelado acerca de Sí mismo y de cosas en relación con Él, pero fuera de las Escrituras; es decir, a partir de Su obra creativa; pero además de Su obra creativa ha habido una intervención de revelación especial de parte de Dios, porque Dios ha hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, y en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.  El registro de la intervención de Dios, y de las palabras de Dios, de esa intervención, no solamente en la creación, sino con el propósito específico de revelarse a Sí mismo, está registrado en lo que llamamos la Biblia.

La Exégesis consiste en  sacar el sentido de los textos sagrados que contienen la revelación divina; pero era necesario hacer un puente entre la Teología Natural y la Teología Exegética; ese puente era la transición que hay entre lo que Dios ha hablado para todos en general a través de la creación en forma parcial aunque verdadera, y lo que ha hablado en forma específica, primeramente a Sus escogidos, y a través de ellos y de la Biblia, a toda la creación, a toda la humanidad.

En el capítulo anterior, Del Lugar de la Bibliología, vimos que esos textos tienen una historia, tienen un proceso, se dieron a través de ciertas personas en determinadas épocas y circunstancias, y se han transmitido y existen los testigos de esa transmisión hasta hoy.  Y cuando tenemos la Biblia en nuestras manos, esta Biblia tiene una fundamentación de varios siglos.  La Bibliología se ocupa de todo eso; era necesario ver la transición entre la revelación natural y la especial, y el lugar de la Bibliología, antes de entrar en la Teología Exegética.  Pero ahora sí, ya es el lugar lógico y la secuencia coherente de examinar lo que es la Teología Exegética.

Aunque todas las teologías se enfocan hacia la revelación que Dios dio, cada una de ellas lo hace de una manera diferente.  En la presente veremos cómo aproximarnos a la revelación divina a la manera Exegética.  La Teología Bíblica surge de la Teología Exegética.

Sacar el mensaje del texto

El método de la Teología Exegética consiste en estudiar los autores por sí solos, luego los textos de esos autores, los pasajes de esos textos, los versículos de esos pasajes, las palabras claves de esos versículos, y si es necesario, la raíz de esas palabras claves.  Ese es el enfoque típico de un estudio exegético.  Exégesis quiere decir sacar el mensaje del texto.  La Exégesis puede ser bíblica si el texto que se va a estudiar es la Biblia; puede ser clásica, si va a estudiar un autor clásico, o moderna, si se hace el estudio de un autor moderno.  La palabra exégesis no necesariamente se refiere a la Biblia.  Se refiere al estudio de un documento, de qué trata ese documento.  Eso es lo que quiere averiguar la exégesis.  La exégesis quiere saber de qué trata tal documento.  La exégesis estudia por autores; luego esos autores tienen determinadas obras, determinados textos; entonces cuál es el pensamiento de ese autor.  Para llegar al pensamiento de un autor se tiene que conocer sus textos.  Una vez que se tienen esos textos definidos, se tiene que hacer una exégesis, se tiene que sacar el sentido de lo que ellos dicen.  Hay una exigencia de la exégesis, y esto es muy importante tenerlo en cuenta.  Aunque hay otras maneras de estudiar, que también veremos, pero esta específica de la exégesis tiene unos requisitos, unas exigencias.  Aquí no se puede escribir lo que uno piensa o lo que otros piensan.  Por ejemplo, vamos a hacer la exégesis del aporte del apóstol Pablo; nos preguntamos si Dios le reveló algo, en qué época se movió, en qué circunstancias, a qué trató de responder.  Así nos ubicamos en su historia para poder comprender mejor lo que él tenía que decir y en tal circunstancia escribió tal texto; cuáles textos son primeros, cuáles son medios, cuáles son finales.  Hacemos un orden cronológico de sus textos para ver la evolución del pensamiento y del lenguaje del autor.

Si queremos saber lo que piensa Pablo, tenemos que dejar por el momento sólo a Pablo y no al tiempo tratar, por ejemplo, al apóstol Pedro.  Después vamos a ver cuál es el aporte específico de Pedro, y cómo el de Pedro concuerda con el de Pablo; pero si queremos conocer el pensamiento de Pablo, que usó el Señor para revelarnos Su Palabra, entonces no podemos venir con ideas preconcebidas. 

Hacer una exégesis es llegar al texto y es leer el texto conforme Pablo; no se puede leer conforme a Santiago, conforme a Agustín, conforme a Lutero, conforme a Karol Wojtyla, sino a Pablo como a Pablo, para no hacerle decir a Pablo lo que tú dices o lo que otros dicen.  Esa es una verdadera exégesis.  A veces estamos estudiando, por ejemplo, determinada carta, pero sin darnos cuenta, proyectamos sobre la lectura un pensamiento nuestro o de otro que ya tenemos. 

En ese momento dejamos de ser científicos, verdaderos y exactos; en ese momento proyectamos un sentido, que puede ser teológico.  La exégesis no necesariamente es teológica. Por ejemplo, leemos el poema del Mío Cid; de qué trata ese poema; el Mío Cid qué es.

Entonces hay que leerlo con cuidado a ver qué es el tema de ese poema, pero tu no puedes meterle cosas por ejemplo de Don Quijote de la Mancha y el Cantar de Roldán y otros, no. Tienes que verlo en sí solo.  Ahora, si después yo descubro que este texto tiene parientes, se pueden señalar estos parientes para explicar mejor el sentido de este pasaje, pero hay que tener en cuenta solamente lo que el autor dice.

De la teología de cada uno de los autores de la Biblia, se forma la teología de cada Testamento y luego se forma la Teología Bíblica. 

Esta Teología Bíblica, o sea, el pensamiento de Dios, se va destilando de exégesis en exégesis.  Hay un mensaje claro en Isaías que dice que la Palabra de Dios les será mandamiento tras mandamiento, renglón tras renglón, un poquito aquí y otro poquito allá.  Si le pongo algo que no es del autor, en ese momento yo dejo de ser objetivo y honesto.

Exégesis del texto puro

Después de una crítica textual debo mirar de qué trata el tema, y tengo que dejar que el texto me diga lo que él está diciendo; debo llegar al texto puro, virgen, sin tener una simiente anticipada; no puedo traer algo distinto; debo dejar que el texto me llegue como Dios providenció, que llegue a nosotros así.  Tenemos que procurar entender al autor, en su época, en su tiempo, y dejarle a él dar su mensaje y no nosotros pretender dar nuestro mensaje con una idea preconcebida, porque esto sería hacerle decir al autor lo que no dice. 

En un estudio de un texto realizado por algunos hermanos, estudiado a su vez por otras personas, observaron que de una de ellas, en su conclusión y conceptos eran propios de esa persona y no usaba las palabras del texto original del autor, y dijo cosas que no tenían base suficiente del propio texto.  En esto tenemos que ser muy vigilantes; a veces no vemos lo que dice el texto, y a veces vemos más de lo que dice.

La primera exigencia es la objetividad, ser honesto en el corazón, no quererle hacer decir al autor lo que no dice, sino ir de corazón sincero a ver lo que quiere decir.  Sólo así vamos a ser científicos, objetivos en el asunto.  No colorear o distorsionar el texto por lo que uno quiere.  Cuando uno descubre que quiere que el texto diga algo, en ese momento uno está abriendo puertas para un espíritu de error, uno está irrespetando al Espíritu Santo y está irrespetando al autor inspirado por el Espíritu Santo.  Hay algunos que dicen que la palabra traductor está muy cerca de la palabra traditor, o sea, “traidor”.  A veces no aceptamos que diga lo que dice y quisiéramos que dijera más bien así, y nos tomamos la libertad de darle la vueltita, ponerle el moñito, alargarle la patita o recortarla.  Entonces ahí no vamos a saber lo que dice el texto, sino que vamos a saber lo que queremos nosotros que diga, o nuestro grupo, o nuestros maestros, pero no el texto mismo.

El primer requisito es, pues, dejarle hablar al texto, venir al texto con honestidad, dar lo que él dicta, así no concuerde con mis ideas preconcebidas.  A veces, la Biblia está rectita, pero nosotros estamos un poquito torcidos, ¿y sabe qué hacemos?  Tratamos de torcer el texto hacia nuestra torcedura.  Lo que debemos hacer es enderezarnos hacia lo que el texto diga, aunque venga a causar un revolcón en mis preconceptos; de esta forma vamos a tener un verdadero concepto del texto.

Entonces estamos estudiando a un autor y vamos a conocer el pensamiento de ese autor; no tenemos que filtrarle los pensamientos de otro; claro que uno puede conocer los pensamientos de otro, pero uno debe estar vigilante.  Si yo lo que quiero es conocer el pensamiento de Santiago, aunque haya leído a Pablo o a Lucas o a Pedro, debo leer sólo a Santiago para ver cuál es el pensamiento específico, imparcial que el Señor ha dado por Santiago, y ahí voy a conocer la teología de Santiago.  Después viene la otra teología. 

Antes de la teología de Santiago debo conocer los pasajes, las palabras exactas, el significado exacto de las palabras, qué es justificación para este autor, qué es redención, qué es reino para este entorno; qué es el sentido de este autor, qué significado tiene para el autor esa palabra en ese momento; porque a veces, lo que era en determinado momento para él, luego puede sufrir algún cambio, porque ha madurado un poco en otro período, pues los apóstoles tienen también un lugar específico en determinado momento.

Después, como resultado de la suma de la exégesis, de los versos, de los escritos, todo sintetizado, de los autores, y cuando hayamos visto el acuerdo de unos autores con otros, podemos ver la Teología de la Biblia, cuál es el pensamiento de la Biblia, qué es lo que la Biblia quiere decir.  Pero antes de llegar a la Teología Bíblica se tiene que hacer una exégesis, palabra por palabra, frase por frase, a veces raíz por raíz, a veces un prefijo o un sufijo, a veces no somos cuidadosos en una conjugación en pasado o presente o futuro, porque puede haber mucha significación; a veces una S o falta de una S puede significar una división o una unión que es obligatoria.  Si es posible en el idioma original, la exégesis requiere el conocimiento de los textos originales, acudir a las palabras originales.  Para buscar precisión se necesita el texto original, según la crítica textual, porque la voz autoritativa del Espíritu Santo es lo que el texto dice; no se puede parafrasear.

A veces se puede hacer una paráfrasis cuando se tiene el sentido del texto original, pero sin traición, sin exageración, sin reducción, sin tergiversar el texto; hacer todo ya para el documento completo. 

Cada verso en sí mismo y en el contexto completo, y en el contexto del pasaje y del libro; sea un libro de Crónicas, o una carta o Proverbios, tenemos que verle el sentido en el pasaje y en el contexto inmediato (versos anteriores y posteriores al pasaje) y mediato (toda la epístola en la época y circunstancias del autor). Esto es una cosa científica, no sólo bíblica.  Debo saber si es de ese autor o es mío o es de otro.  También debo ver el juego de libros, si el autor tiene varios libros, y cuándo esos libros se complementan en algunos temas.  Hay autores que el Espíritu Santo usó para dilucidar ciertos aspectos de la revelación divina, pero no lo hicieron en una misma época.  Ejemplo en 1ª y 2ª de Tesalonicenses, se trata de distintos temas.  Uno de ellos trata de la disciplina en la Iglesia.  Si queremos saber sobre este tema, el aporte del Espíritu Santo, no podemos tener sólo 1 Corintios, o 2 Corintios, porque algo que se aplicó en la primera, se levantó en la segunda.  Lo mismo sucede con las cartas a los Tesalonicenses; lo que fue enseñado en la primera se completó en la segunda.  A veces son completados en un solo pasaje, pero hay revelaciones que requieren un período de tiempo y no podían aparecer en una sola carta.  Por ejemplo, aplicar una disciplina y luego levantar esa disciplina, no podía aparecer en una misma carta.  Así en 1 Corintios se aplica la disciplina y en la segunda se levanta, porque las dos cosas no se podían hacer al mismo tiempo; pero el autor es el mismo. 

Cuando se ven las dos cartas, tenemos la revelación del Espíritu acerca de la aplicación y del levantamiento de la disciplina en un autor.  Se ve en qué tiempo se escribió una y en qué tiempo se escribió otra, para saber cuántos meses duró esa disciplina, para tener las cosas más o menos claras.  Este es un ejemplo claro de una cosa específica.

Así cuando terminemos de estudiar la carta completa por sí sola a los Corintios, vemos cuál fue el aporte de Pablo en 1 Corintios; algo objetivo.  Lo que Pablo trató aquí es esto, con esa modalidad de esa epístola.  A veces no distinguimos los pasajes claves, los versos claves de un pasaje; a veces no entendemos cuál es la línea del pensamiento, de qué está hablando el autor, y nos quedan sólo frases sueltas, aisladas.

Cómo hacer la exégesis

Debemos aprender a hacer exégesis; la manera de hacerla es estudiando libro por libro, o con ayuda de alguien, o a veces todos juntos, y ver qué ve cada uno del libro, o a veces vemos que algunos tienen ideas preconcebidas o prefieren ideas fantásticas, luminosas, y son absurdas si ellos no están familiarizados con el Espíritu del Señor, o no tienen empatía o simpatía con el espíritu del autor; a veces no lo entienden; a veces no han tenido experiencia con el Señor y se ponen a hablar de una cosa u otra que no tiene nada que ver con el texto; pues no entienden.

Se debe preguntar así: ¿Era eso lo que quería decir el Señor? ¿Cuándo trató con el autor?  Sólo se tiene una idea vaga de lo que dice el autor.  Tenemos que ser objetivos, llegar al pensamiento, de qué trata esa carta en el fondo, cuál es el mensaje del Espíritu que tuvo que desglosarse en todo el libro, pero cuál es la esencia, qué era lo que quería producir el Señor.  Eso es necesario para tener la exégesis de un versículo, luego de un pasaje, luego de una carta, y cuando tengo todo el material de un autor, voy a conocer el pensamiento de ese autor, y voy a saber en qué se diferencia Pablo de Juan, y cuál es la forma particular de él y la diferencia en cuanto a función y aporte.

Cuando he hecho esto por ejemplo con Tesalonicenses, tengo la exégesis propia de Tesalonicenses, el ambiente, las tradiciones del autor, y una cosa distinta es tomar de otras partes de la Biblia y hacerle decir al autor lo que él mismo no está diciendo, y a veces se llega con una idea preconcebida, y por más que se lea el texto, resulta aplicando otras ideas que no está leyendo.  Debemos ser cuidadosos con lo que el texto dice; no decir ni más ni menos; de lo contrario, el diablo va a usar y colorear la Biblia, y no dejamos al Espíritu Santo dirigirnos.

Hagamos ese ejercicio y veamos si realmente estamos haciendo la exégesis del pasaje.  A veces nos acordamos de otras cosas y nos ponemos a echar carreta, pero esta no es realmente una exégesis del pasaje que hemos leído.  Hay que ir al objetivo, a lo efectivo, a lo correcto.  Después que tenga toda la teología de ese autor y de todos ellos en su respectivo orden, lugar, cronológicamente, y ubicados en el contexto histórico en el cual se dio, aquí se puede tener la teología paulina, si el autor es Pablo, pero se debe estudiar en orden.  Lo mismo hay que hacer con Pedro, sólo y únicamente si concuerdan por sí solos Pedro y Pablo, pero no porque yo los haga concordar.  Los evangelios de Mateo y Marcos son dos maneras de contar un mismo hecho; no es una contradicción; sólo que cuando una cosa es contada por varios testigos, a veces parece que hay una contradicción, y esto es lo que de pronto presenta un abogado así; pero el juez escucha a todos y va a ver si hay una consistencia.

La Teología Bíblica

Así en los diferentes libros, a veces hay aparente discrepancia, de la cual se valen los incrédulos para ir en contra de la Biblia, y Dios lo dejó así para que se enreden los incrédulos, pero lo que se necesita es un corazón limpio para ver el acuerdo bajo el aparente desacuerdo.

Tenemos la teología paulina, y en este caso no se puede considerar la teología de Pedro; tiene que basarse sólo en los textos de Pablo.  En la teología petrina, en los textos de Pedro; en la juanina, los de Juan; o la de Jacobo, la de Lucas, y ahí se tiene la teología de cada uno de ellos.  Y así teniendo claro el aporte de Pablo, qué quería enseñar Dios por medio de Pablo, o por medio de Pedro, o por cada uno de los autores del Nuevo Testamento, y cuando descubro la evidencia, no mi confabulación, sino la evidencia legítima en forma honesta, científica, ahí tengo con propiedad la teología del Nuevo Testamento, la cual es aquella en la que concuerdan todos los autores del Nuevo Testamento; pero primero tengo que tener el sentido de cada frase, luego el sentido de la epístola, para tener el sentido del aporte del autor, y luego, de la suma de los diferentes autores tengo la teología del Nuevo Testamento.  Por ejemplo, de qué trata el Nuevo Testamento; es objetivo, científico; cualquiera lo puede verificar.  Esa es realmente la Teología Exegética y Bíblica.  La Bíblica es cuando se tiene no sólo la del Nuevo Testamento, sino también la del Antiguo Testamento.  Al complementar la del Nuevo con la del Antiguo Testamento, tengo la Teología Bíblica, la cual es la teología conjunta del Antiguo y del Nuevo Testamento, y nace de la Teología Exegética; lo que dicen las dos partes de la Biblia.  Esto es realmente la Biblia, de qué trata la Biblia.

Para saber de qué trata el Antiguo Testamento, debo saber de qué trata Moisés, y Samuel, y David, y Salomón, y Esdras, y todos los demás.  Exégesis es un asunto espiritual y científico.  Se puede ser ateo y tener un conocimiento natural, tener un conocimiento más o menos de algún tema, pero con la Biblia se necesita del Espíritu.  Es mi experiencia espiritual la que me permite entender algún autor de la Biblia.  A veces no se entiende y uno se siente tentado a interpretar de acuerdo con la imaginación propia, y esta interpretación propia no es una exégesis ni espiritual ni científica; es la interpretación propia imaginativa donde se han mezclado las categorías y conceptos hasta que la experiencia espiritual y el conocimiento del Señor le hacen corregir un poco; porque a veces la Biblia que leemos es lo que somos.  A veces realmente no leemos la Biblia.  Nuestra lectura de la Biblia se revela en lo que nosotros somos.  A veces lo que la persona subraya, la delata, y si uno compara lo subrayado de la primera Biblia, cuando uno era nuevo, es un poco diferente de lo subrayado en la segunda.

Se puede tener la Biblia subrayada con la teología de la prosperidad y se busca lo que se quiere, no lo que Dios quiere, y cuando se encuentra algo que se está buscando, se subraya supuestamente basados en la Biblia.

Nuestra lectura de la Biblia debe ser legítima.  La Teología Exegética es, pues, la interpretación primeramente gramático-histórica; qué es lo que dice el texto en su ambiente histórico; ese es su significado primario.  Ahora, ¿es legítima una alegoría?  A veces sí, a veces no; a veces el texto mismo permite una alegoría; a veces la intención de un acontecimiento es hacer tipos, pero a veces no era esa la intención del autor, y nosotros empezamos a delirar y a sacar cosas más allá de lo legítimo.  Hay que ir y ver para no hacer decir a la Biblia lo que no dice.

¿Cuál es el mensaje de la Biblia, y de qué trata realmente para entenderla?  La Biblia requiere mucho más que exégesis científica, requiere exégesis espiritual, y así se tiene una experiencia idéntica a la del autor.  Como dijo Jesús: el que es del cielo, cosas celestiales habla; y cuando la persona experimenta lo que Jesús decía, entonces entiende.  Por ejemplo, qué es eso de nacer de nuevo, qué es eso del soplo del Espíritu.  Si la persona no ha nacido de nuevo, dice: ¿es que tengo que entrar otra vez en el vientre de mi madre?  Y Jesús dijo: De lo que sabemos hablamos, pero nadie recibe nuestro testimonio; y cuando nacemos de nuevo, entonces decimos, ahora entiendo qué era lo que decía Jesús.  Y el Espíritu sopla de donde quiere.

La Teología Bíblica sólo puede nacer de la Exégesis, y esta es la primera necesidad que tenemos; porque realmente la Teología Natural sirve para llevarnos a Dios y quedar el hombre sin excusa, pero si queremos entender realmente a Dios es por la legítima exégesis, no por medio de una pretendida exégesis; es dependiendo del Señor, porque los limpios de corazón verán a Dios, pero el que se desvía va a su propio deseo, como dice Proverbios 18.  Si quiero que todo resulte de acuerdo a mi propia opinión, no hago exégesis; ya tengo mi propia opinión o sentimiento y me hago indigno de leer el texto.

Hay un pasaje en Ezequiel 14:1-3: “Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel, y se sentaron delante de mí.  Y vino a mí palabra de Yahveh, diciendo: Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos?”.  Es el caso de Balaam, que no veía la resistencia de Dios e iba caminando demasiado rápido y aun iba en contra de la voluntad de Dios.  El Señor no se deja consultar por el altivo, pero sí atiende al humilde de espíritu.  Es muy delicado este pasaje porque el Señor dice que ellos fueron a consultarlo, pero en realidad ellos ya sabían lo que querían.  Ellos mismos establecieron su propio tropiezo; ellos escogieron esto antes de oír lo que consultaban al Señor.  En el caso de Daniel, desde el día en que él dispuso su corazón a entender para aceptar lo que Dios quiere decir, Dios respondió y mando al ángel con la respuesta.  Si, por el contrario, veo el texto, voy a respetar el texto y hago caso omiso de mis pensamientos, de cómo quisiera que fuera, de cómo siento, y dejo hablar al texto solo, así lo voy a entender.

El requisito es humillarse ante la presencia de Dios y disponerse a entender. Cualquier espíritu nos puede engañar y se disfraza con versículos.  Hay muchas cosas que se levantan en nombre de Dios, pero Dios no es honrado, sino más bien blasfemado.  El primer requisito es querer entender a Dios recibiendo los textos que han demostrado ser el registro escrito de la Palabra de Dios, y dejarles decir lo que quieren decir; y si está unp torcido, entonces enderezarse conforme a los textos, y no tratar de acomodar los textos a la torcedura.

Esto es Exegética verso por verso, pasaje por pasaje, libro por libro, autor por autor; aquí se tiene la Teología Bíblica.  En el depósito que está en la Escritura, lo primordial es la Exégesis, y la Bibliología nos muestra la confiabilidad del texto que estamos interpretando, y la Hermenéutica nos da las reglas de sana interpretación. Pero es la Exégesis misma la que nos pone en contacto con el corazón de Dios, con la naturaleza de Dios, con los principios de Dios, con los modos. 

Por lo tanto, debemos dedicarle el mayor cuidado a la Exégesis, para que sea genuina.  Tenemos que aprender a ceñirnos si es posible con textos originales a mano, y ver claramente qué es lo que dice; ver si lo que se percibe es verdadero; e igualmente cuando vemos lo que otros dicen de la Biblia, si es ajustado a la Biblia, si está bien trazado. 

Con una pequeña frase se descubre la intención de la persona, y ya se pierde la confianza y uno descubre lo que quería la persona, y de pronto no está de acuerdo con el querer de Dios. Veamos entonces teólogos bíblicos, no infalibles, pero notables.

Algunos Teólogos bíblicos sobresalientes

- Óscar Cullman.  Autor francés luterano, profesor en Roma; incluso famosos teólogos del catolicismo en Roma lo han reconocido. Importante su Cristología del Nuevo Testamento.

- Dean Alford.  Comentarista bíblico. Sobre este autor el hermano Watchman Nee dio una opinión acerca de su alto valor exegético, y solicitó a los misioneros su traducción al chino.

- William Hendriksen.  Llamado el príncipe de los comentaristas en la línea conservadora reformada; él está en una corriente calvinista.  Es un teólogo bastante apreciado.

- F. F. Bruce.  Inglés; profesor de crítica bíblica y de exégesis.  Se mueve en el más alto nivel académico.  Es de la línea conservadora.

- Herman Ridderbos.  Holandés; tiene una obra titulada, “El Pensamiento del Apóstol Pablo”.  Otra obra, “La Venida del Reino”.  Es un buen autor.

- Witness Lee.  Chino; tiene Estudios-Vida de cada libro de la Biblia.

- Edward Young.  Autor de una Introducción al Antiguo Testamento y otras obras importantes, especialmente tres volúmenes sobre Isaías..

- Gleason Archer.  Bibliólogo conservador que también trata dificultades bíblicas.

- Gerhardus Vos.  Teólogo bíblico conservador. Tiene una importante obra llamada “Teología Bíblica”.

- William Henry Green.  Importante refutador de la hipótesis crítica documentaria, al igual que:

- Robert Dick Wilson. “Investigación científica del Antiguo Testamento”.

- Hengstemberg, autor alemán fundador de escuela conservadora y autor de la Cristología del Antiguo Testamento.

- C. F. Keil, importante comentarista veterotestamentario alemán conservador.

- John Nelson Darby, autor de la Sinopsis de los Libros de la Biblia. Esquematizador del dispensacionalismo.

- Martin Lloyd-Jones.  De la cátedra de Westminster; uno de los más ungidos ministerios de Inglaterra.  Estudios sobresalientes de Efesios y Romanos.

- Campbell Morgan.  Antecesor de Lloyd-Jones en Westminster.

- H. C. G. Moule. Especial sus obras sobre Romanos y Efesios. Erudito y devoto notorio en la convención de Keswick.

- Juan Calvino. Comentarista reformador de los libros de la Biblia.

- Martín Lutero.  Importantes sus comentario a epístolas del Nuevo Testamento.

- Matthew Henry. Famoso comentarista bíblico.

Los anteriores no es que sean infalibles, sino sólo respetables dentro de la exegética y la Teología Bíblica; algunos incluso dentro de la Bibliología, tales como Bruce, Young y Archer.

Algunos autores tienen obras de tipo espiritual, de tipo místico.  Dan la interpretación de los versos uno a uno y muestran los errores de otros.☐

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