El Blog

Calendario

<<   Agosto 2006  >>
LMMiJVSD
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31    

Categorías

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog

DE LA TRASCENDENCIA DE LOS ACTOS DEL ALMA

Por cristianogiv - 12 de Agosto, 2006, 2:37, Categoría: General


ARGUMENTOS TEOLÓGICOS, EPISTEMOLOGÍA, ÉTICA Y EXISTENCIA (8)




Capítulo VIII



DE LA TRASCENDENCIA

DE LOS ACTOS DEL ALMA



Reexaminando, pues, la estructuración de nuestra existencia, tenemos que el ser es más que el acto. El acto es un ejercicio del ser. El ser que actúa también antecede al acto, y el acto meramente lo confirma, pero no lo constituye. El acto es posible puesto que el ser le antecede. El yo no sólo es posible antes del acto, sino que existe concretamente en la antecedencia del ejercicio del acto. El ser no se limita a las acciones sucesivas de la voluntad, sino que posee a ésta también en el reposo, en la ataraxia, y posee, además, entendimiento y sentimientos concomitantes a la voluntad. El ser humano es tripartito, y aunque el alma, como yo de la personalidad, es el pivote donde se encuentran las percepciones de los sentidos y de la intuición del espiritu, no obstante, el alma cual yo no se reduce a meros ejercicios de la voluntad, a actos. El ser es el capaz del ejercicio, y la capacidad es más que posibilidad. La capacidad es la existencia del depósito de la potencia. La actualización meramente evidencia la capacidad innata que es sustento de la potencia. La capacidad de acto como carácter original fundante de la actualización del ejercicio del yo es evidencia de la condición esencial de la existencia humana. La subjetividad del yo no deviene nueva en cada acto, sino que subyace la misma, como identidad, en todos los actos; pero en su condición esencial de responsable, ella misma, siempre idéntica, puede sin embargo actuar y contra-actuar, ejercer y arrepentirse; cambiando a la vez que permanece; todo relacionado funcionalmente con la trascendencia y con la eternidad. La capacidad de autodeterminación del hombre descansaba en la voluntad del alma. Pero una vez que el intento da las espaldas a Dios, resulta mortificado, puesta que la voluntad está diseñada para la renovación que viene del maridaje con la vida divina. La voluntad es una función esencial del alma, y ésta, a su vez, es el yo, la personalidad; pero no se realiza en plenitud a sí misma, puesto que la estructuración dialéctica del alma, al consistir en una propiedad refleja, sólo se realiza a plenitud reflejando lo que le impresione desde el espíritu intuitivo, y desde el exterior mediante los sentidos. La esencia del sujeto contingente es la de "imagen y semejanza", cual espejo; por lo cual está estructurado el sujeto para reflejar según asentimiento. Su responsabilidad es consentir o no. El asentimiento no es sólo ante sí mismo, sino también ante los demás y el universo, y fundamentalmente ante Dios y sus disposiciones. La auténtica libertad del alma se pierde cuando ésta de hecho niega o suspende su asentimiento ante su condición esencial de consistir en propiedad refleja.

El alma no es para sí, sino primeramente para Dios. Dios la presta a sí misma, pero Él sigue siendo su sustentador y dueño. La razón de ser de la libertad para el asentimiento, es para que se realice ejercitándolo afirmativamente ante y para con Dios. Una vez que el alma niega o suspende a Dios su asentimiento, vende la libertad a la negación y se constituye enemiga degradando su dignidad original y reduciendo su realización plena que apenas se da en el matrimonio con la vida y dirección divinas.

La vida divina contenida y expresada desde el espíritu regenerado a través del alma que consiente, es el único y real sustento de la realización plena del alma, del yo, de la personalidad.

La gracia de Dios, mediante la labor del Espíritu Santo, consigue el consentimiento del alma en la vivificación del espíritu humano. Pero tal victoria se realiza sin disminuir al hombre, sino más bien honrándolo y dignificándolo inmerecidamente de éste. El alma, sin la vida divina, se corroe en su contingencia, se deteriora y se pierde.

No simplemente "soy", sino que "soy para Dios", El sujeto existencial no se agota en una simplicidad del "yo soy" del hombre. Ese "yo soy" del hombre, es una creación de Dios con propósito, y por lo tanto no solamente "es", sino que "es para Dios". La angustia ante la muerte, o ante la oscuridad de una posible nada, evidencia la contingencia del sujeto existencial; y en ella, "la pertenencia al Creador". Tal contingencia no sólo es supuesta idealmente por la razón cual mera imagen, según quería escapar Sartre; sino que es percibida concreta y realmente por la intuición del espíritu.


El "yo soy" del hombre no es absolutamente propio, sino "dado"; no se auto-origina sino que se recibe; por lo tanto no se basta "en sí", ni "a sí", sino que debe ser sostenido y poseído por Dios. Tal sostén y posesión es el Amor Divino, el "para qué" del "yo soy" del hombre individual. Cuando la razón sucumbe, lo hace ante el váguido y la ausencia, ante el abismo de su contingencia.

El alma está enfrentada al Testimonio Divino que se hace inteligible mediante los argumentos teológicos; pero además también puede abrirse a la vivificación espiritual que es evidencia de la Vida Divina percibida en la intuición del espíritu. Tal percepción es la que alimenta la conversión a Dios y el comienzo de su conocimiento, en el nivel espiritual de la epistemología de este respecto.

Kierkegaard mismo, padre del existencialismo, y conto tal, reconoce que la relación del yo consigo mismo implica a su vez relación con aquello "otro" que hizo posible tal relación. Dándose el caso en el que el yo no es puesto por sí mismo sino por otro (Krankheit zum Tode, pág. 9). Así desemboca Kierkegaard en lo que llamó el "yo teológico".

 Es su experiencia de creyente la que subyace en su explicación filosófica de su descubrimiento de la estructuración dialéctica teísta de la existencia. Su filosofía justifica, pues, al Teísmo de su existencialismo particular. La justificación filosófica del "yo teológico" kierkegaardiano subyacía tácita en las investigaciones precedentes acerca del "yo humano"; con estas investigaciones, presionadas por la evidencia que se conoce intuitivamente por fe, preparó la intelección del "yo teológico". Una obligación ética insidió en tal preparación. La esencialidad forzó el reconocimiento del sentido teísta de la existencialidad.


La fundamentación kierkegaardiana del yo, entronca perfectamente con los asertos aristotélico-tomistas del argumento cosmológico, respecto del cual Bowne ha hecho una sutil e importante modernización en la consideración de que el universo se presenta como un sistema recíproco, de lo que depende la unidad de las partes, y por lo tanto, debe haber un Agente Único que equilibra la reciprocidad de las diferentes partes, y que es la razón dinámica de su existencia. Combinando esta variedad del argumento cosmológico adelantada por Bowne, con los asertos del argumento teológico ético o moral que reclama la existencia de Dios ante el hecho de la conciencia humana que implica relación con un gobierno y legislación superiores, y que la naturaleza no basta para saciar las necesidades espirituales del hombre, puesto que la materia ni es moral ni espiritual, y que sólo a Dios puede atribuirse la conciencia de la ley moral y el origen de la necesidad espiritual, tenemos, en la combinación argumental cosmológico-ética, el entronque del Teísmo con el existencialismo primario representado en Kierkegaard, Existencialismos posteriores, según suspensiones o actualizaciones de tipo ético, escogieron el robo de sí mismos, enajenando el existencialismo teísta primordial kierkegaardiano, y vendiéndolo a la incertidumbre con la ataraxia al estilo Jaspers, o con la radicalización atea al estilo Sartre.

Siguiendo el discurso kierkegaardiano con la ayuda del análisis y síntesis del especialista F. Jarauta, respondo ante Kierkegaard, en el respecto de su crítica de lo demoníaco, que debemos decir que el yo realmente no puede evadirse en sus posibilidades, sino que más bien se responsabiliza en ellas; por lo cual necesariamente siempre ha de regresar a su propia identidad que se ejercitó en acto, con lo cual sembró para sí su propia retribución, conforme a la ecuación impuesta a la existencia: responsabilidad-consecuencia. El intento panteísta de evasión del yo pretendiendo infinitarse embotándose con un autoengaño mental de supuesta identidad con la conciencia abstracta del Espíritu Absoluto, no es sino la mentira con que Lucero se autoengañó pretendiendo ocupar el lugar de la Deidad; engaño y enfermedad que vendió a la raza humana con el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, y que los ofitas promovieron en dirección al Ådam-Kadmón hermético y cabalístico, que la mística inmanentista rosacruz mediante Christopher Besold pasó a Hegel en Tubingia, y por éste también a los materialismos de Feuerbach y Marx. De allí, la critica de lo demoníaco en Kierkegaard, antífono de Hegel, Kierkegaard ridiculiza, pues, las obstinaciones de las determinaciones de lo finito que pretende evadirse en la abstracción infinita. Crítica que resulta bien válida para la filosofía de Teilhard de Chardin, a pesar de que el mismo Kierkegaard no pudo, como sí los místicos de la línea de la vida interior, liberarse del todo de los confines almáticos de la idealidad hegeliana. De modo que verdaderamente los tumbos del desliz del pensamiento moderno no se hicieron sin sonoras protestas.

La realización de la persona mediante su asentimiento voluntario a Dios y a sus disposiciones, constituye el maridaje de la esencia con su propia existencia. Allí se encuentran ambas; la esencialidad de la existencia que regula la realización de ésta, y la existencialidad de la esencia que concreta en subsistencia a un individuo de la especie. La especie humana se caracteriza por la personalidad distintiva a la semejanza de Dios. La paradoja antedicha está referida a la ecuación responsabilidad-consecuencia. El acto existencial del yo, su actualización responsable de carácter existencial, no es, sin embargo, una creación absoluta, sino apenas un asentimiento o disentimiento voluntario frente a Dios y sus disposiciones, las cuales son de carácter esencial.

La codificación de la consecuencia cuenta con la responsabilidad de la existencia, pero no se reduce a ella. La existencia necesariamente se ejerce en medio de limitantes que se imponen al yo, no precisamente en sus diversos grados de posibilidad de ejercicio y responsabilidad, pero sí en la gradación misma y en la calidad de los logros existenciales. La calidad del logro se impone como consecuencia a la existencia a pesar de las repulsas de ésta. El infierno es el triunfo necesario de la esencialidad de la especie y su destino. A la especie le es impuesto un destino, en el sentido de función, significado y calidad. No alcanzado el logro de la posibilidad de un destino supremo, la responsabilidad existencial debe doblegarse a una calidad retributiva ineludible que le revela un significado y una función trascendente. Su propio infierno es el amor-tortura de la responsabilidad culpable. Ciertas torturas no queridas acompañan ciertas devociones queridas. El aparente olvido del existencialismo teísta kierkegaardiano respecto de la presencia de la esencialidad en la especie antropológica, abrió la tapa del abismo de1 existencialismo ateo sartreano.

Sartre no entiende las razones del sentido de angustia, absurdo, condenación e inutilidad. No comprende el fundamento de las realidades que obligan en su filosofía tales concepciones. Percibe la realidad de la consecuencia, pero no acierta a descubrir el por qué de su calidad. Podríamos decir que se engañó camino al infierno. Es la misma locura dionisíaca de Nietszche.

Heidegger, por su parte, traslada la cuestión del plano ontológico al meramente fenomenológico, quedándose en la incertidumbre, y apelando luego más bien a la poesía; por ejemplo, a la de Goethe (El Principio de Razón, pág. 88).

Kierkegaard, sin embargo, a pesar de su aparente olvido discursivo de la esencialidad, presiente que a las posibilidades del yo en devenir, antecede un "deber ser". De allí el teísmo de su existencialismo, cuya radicalización fue más bien contra el panteísmo idealista absolutista hegeliano, que al igual que los materialismos posteriores de él surgidos, irrespetan la dignidad humana y desconocen su estructuración dialéctica religiosa. La especie y el partido en el materialismo dialéctico no son lo mismo que la especie y la Alianza en el cristianismo bíblico. En el cristianismo la persona es trascendente. En el monismo materialista o idealista, apenas eslabón transitorio del "Ylem-Pan". En el monismo el partido es la emergencia temporal del Ylem-Pan. En el cristianismo la Alianza es el asentimiento al recibir y contener para la canalización de la Trinidad Divina Trascendente: asimilación para la edificación de la Economía Divina. Es vano y superficial pretender hallar un común denominador. El fondo no lo permite, y la superficie nominal no es suficiente.

El camuflaje "liberacionista" de cierta teología latinoamericana actual se ha deslizado precisamente al respecto de este discernimiento, especialmente en Gustavo Gutiérrez, como bien lo hace notar Jaime Ortiz Hurtado en su exposición crítica del Liberacionismo en Medellín '88 ("La Perspectiva Teológica Evangélica Referida al Contenido Teológico de la Teología de la Liberación" y "Análisis del Contenido Teológico de la Teología de la Liberación").

En Kierkegaard, después del paso del estadio estético al ético, se da el paso del estadio ético al religioso, ilustrado en la experiencia de Abraham al ofrecer a Isaac. En tal estadio se descubre que la ética no es una categoría autónoma sino nítidamente arraigada en el Dios Absoluto, quien es quien le da su razón de ser. La explicación última de la ética resulta ser, pues, la rúbrica del mismo Dios: Yo Yahweh.

La brújula, pues, de la experiencia religiosa suprema indica al hombre el camino de retorno al Árbol de la Vida, donde Dios mismo, antes que el mero conocimiento del bien y del mal, es el alimento que sustenta y realiza al hombre en su propia personalidad subjetiva. No es, pues, la ética autónoma existencialista que pretende bastarse en la deificación de su relativismo, aquella que realiza al hombre. De allí la calidad de "inútil" que intuye Sartre en su pasión. La calidad del ejercicio de actualización realizante que supera lo inútil con lo significativo, sólo se da en la superación del estadio ético con el religioso, tal como lo descubre Kierkegaard.


Dios mismo es el sentido último realizante que significa al hombre realizándolo y sublimando la calidad de su hallazgo, de su autocomprensión ahora en relación dialéctica, refleja, a Dios. Es, pues, verídica la estadiación kierkegaardiana que tras la ética descubre lo religioso. Esto no significa, sin embargo, que Dios mismo no sea ético. Significa más bien que la ética descansa en el ser mismo de Dios, y no viceversa. La ética que procede de la Divinidad es la que se ha revelado en forma especial en la Revelación histórica de Dios mediante el Jesucristo de las Sagradas Escrituras. De allí, pues, la importancia y preeminencia de la consideración prioritaria del Argumento Revelacional teológicamente nuclear, del cual los otros periféricos acumulan evidencia corroborativa en el ámbito de la teología natural con fines inculpativos y fiscales (además de persuasivos) que dejan la conciencia del hombre sin excusa, como lo sostiene Pablo apóstol escribiendo a los romanos (Ro. 1:17-32). Pertenece al alma la responsabilidad de accionar dentro de un contexto dialéctico que impone sobre ella una retribución esencial que ella misma no diseñó, pero de la cual sí es responsable.

*  *  * 

Para ver, si lo desea, otros blogs del mismo autor, puede consultar:
"Escritos exegéticos"   http://exegiv.zoomblog.com
"Escritos poéticos"      http://poemasgiv.zoomblog.com
"Escritos filosóficos"    http://filosofiagiv.zoomblog.com
"Escritos políticos"      http://232.blogHispano.org
General "Gino Iafrancesco V."  http://cristianogiv.zoomblog.com
"Caminante"               http://giv.zoomblog.com
Canciones                 http://givevangelio.multiply.com

------------------------------------------------------ *

Blog alojado en ZoomBlog.com