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DE LA VIABILIDAD EPISTEMOLÓGICA ÉTICA

Por cristianogiv - 12 de Agosto, 2006, 3:07, Categoría: General


ARGUMENTOS TEOLÓGICOS, EPISTEMOLOGÍA, ÉTICA Y EXISTENCIA (3)


Capítulo III



DE LA VIABILIDAD

EPISTEMOLÓGICA ÉTICA



Cualquier experiencia de existencia, de sí mismo, del mundo, incluso de confusión, perplejidad, cualquier tipo de conciencia, ya implican un testimonio de un fundamento que apela a nuestra atención. Fuese lo que fuese lo dado, exige reconocimiento y responsabiliza al consciente. La aprehensión más ínfima llama al conocimiento y a la ética, así sea en lo más rudimentario; invita a la certeza habiendo promovido la investigación metodológica natural humana germinal y primordial. La sola existencia implica la responsabilidad de interacción. Cualquiera fuese el foco inicial de atención; cualquiera fuese el punto focal inicial de atención; siempre será la realidad, una realidad, una existencia de facto, una presencia así fuese engañosa; una realidad aunque sólo apareciese nebulosa. La misma nebulosa, por lo menos en una ínfima medida, ya invita y responsabiliza.

Se hace obvia, pues, la relación existente entre conocimiento y ética.


Recordemos aquí el aserto paulino: "... el conocimiento de la verdad que es según la piedad" (A Tito 1:1). Indudablemente la moral juega un importante papel en la epistemología. "Los limpios de corazón verán a Dios", dijo Jesucristo. Existe sobre el hombre una imposición divina: la responsabilidad hermenéutica. (Remito al lector a las "Consideraciones Hermenéuticas" de la obra del autor: "Hacia la integralidad", Septiembre de 1988).

A mayor percepción, mayor responsabilidad. Existe de parte de Dios una jerarquización de las percepciones y de las responsabilidades. De los niveles de interacción entre percepción y responsabilidad depende el orden estructural jerárquico. Se impone, pues, también, el juicio divino sobre la irresponsabilidad. Es la soberanía divina la que determina los niveles de percepción y responsabilidad.

En atención a las percepciones llamadas naturales han surgido el empirismo y el racionalismo. Además, históricamente se ha dado una especie de compensación en la protesta del romanticismo contra el racionalismo deductivo y el empirismo inductivo.

En la conciencia del perceptor responsable se descubre la presencia testificante integral que abarca lo racional, lo empírico y lo romántico, en sus respectivas distinciones y relaciones. De manera que la esfera atencional que demanda consideración, se muestra muy amplia. Es la extensa esfera de las elecciones responsables, donde juegan variedad de preferencias y devociones, muchas veces idolátricas. Y no falta en este mundo perceptil, además de la experiencia sensual, la razón y el sentimiento, también la intuición. Y es que el hombre se devela cual un ser tripartito, con espíritu, alma y cuerpo, y cada aspecto de su ser corresponde el perfil de una ciencia. ¿Podemos negar que a las percepciones sensoriales del cuerpo corresponda por ejemplo la física fenoménica? ¿y al aspecto racional y mental del alma corresponda la lógica? ¿y a la función espiritual de la conciencia moral corresponda la ética?

Pues del común denominador de experiencias físicas se deducen, según el funcionamiento del entendimiento, los principios lógicos. Y en la interacción de los principios lógicos se descubre la ética que subyace en la aprobación de los asertos o desasertos lógicos. Sí, es la ética la guardiana de la viabilidad de las comunicaciones lógicas. Sin ética, ¿cómo se sostiene la lógica?

Además, todas las interacciones al interior y al exterior del hombre evidencian la presencia de la dialéctica. La dialéctica es ejercicio de la percepción y la responsabilidad. Todos los aspectos dialogan entre sí. Accionan y reaccionan, perciben e imprimen, y se interpolinizan mutuamente. Y en tales interacciones se da lugar incluso a responsabilidades radicalizadas; o mejor, a radicalizaciones responsables.

Aparece entonces en el horizonte el dialecto existencialista que reacciona al supuesto hegeliano del "Espíritu Absoluto como Síntesis Final de la Dialéctica". La existencia se radicaliza frente al Absoluto. En Hegel, la tendencia es hacia el polo de la abstracción total; en Kierkegaard es hacia la responsabilidad total en contingencia. En Jesucristo se da en cambio el equilibrio de la realidad integral.

La percepción y la responsabilidad humanas son los primeros atisbos de la llamada revelación general de la teología natural, no Revelación especial en este caso. Revelación general divina según la teología natural, en lo cosmológico, moral y estético; son las primeras invitaciones de Dios a su búsqueda y adoración, respondidas diversamente por los pueblos. Entonces, la historia religiosa étnico-social también resulta una segunda invitación, muchas veces muy temprana como las anteriores. El instinto y el ejemplo de la religiosidad humana, impele.

La jerarquía de tal invitación religiosa étnico-histórica se corresponde al orden estructural fundado en los niveles de percepción y responsabilidad. La autoridad religiosa también se impone al hombre de parte de Dios. La superioridad religiosa encamina la interacción integral.

La magnitud de la Revelación Divina determina la superioridad religiosa. Así llegamos de nuevo a la preeminencia del argumento teológico revelacional. Dios existe y a Él nos debemos totalmente por cuanto se ha revelado. Indefectiblemente la rebelión contra Dios, el Dios que se ha revelado, merece y acarrea juicio.

Así que además de lo que hemos llamado revelación general de la teología natural, propia de ella, tenemos también la revelación especial, objeto de la Teología Propia Exegética, Dogmática e Histórica.

Tanto la revelación general como la especial constituyen testimonio, el cual engendra la fe correspondiente a la epistemología de este respecto.

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