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DE LAS ANTROPOLOGÍAS BIPARTISTA Y TRIPARTISTA

Por cristianogiv - 12 de Agosto, 2006, 2:52, Categoría: General


ARGUMENTOS TEOLÓGICOS, EPISTEMOLOGÍA, ÉTICA Y EXISTENCIA (6)



Capítulo VI




DE LAS ANTROPOLOGÍAS

BIPARTISTA Y TRIPARTISTA



En el análisis del sujeto existencial obsérvese que todavía en Kierkegaard se confunden alma y espíritu tal como en la escolástica tomista, de la cual, el concepto trinitario del Aquinate, de relación subsistente cual persona, (proveniente de Boecio), pasa a la antropología de ia subjetividad kierkegaardiana. Del neoplatónico Plotino aplica Agustín de Hipona a la Trinidad la "explicación psicológica"; y esta es absorbida por Tomás de Aquino junto con la elaboración escolástica desde Boecio. (Remito en este respecto al lector a la obra del autor: "Opúsculo de Cristología", parte III, Consideraciones Históricas; Desarrollo escolástico). Kierkegaard simplemente adapta el lenguaje trinitario tomista, el concepto de relación en la dialéctica al interior de la Divinidad, y lo aplica analógicamente a la existencia humana, pero habiendo absorbido la confusión escolástica de alma y espíritu, vigente aun en el racionalismo. Fue en el análisis personalista trinitario que el escolástico Gilberto de la Porré dio con el concepto de existencia como propiedad de la persona. Hace Kierkegaard la analogía psicológica desde el ángulo contrario al de Agustín, en una especie de retroalimentación filosófica. Agustín de Hipona, observando en el hombre la relación del pensante con el concepto que de sí mismo tiene éste, y el amor que le relaciona, aplicó tal dialéctica al interior de la Trinidad Divina, a la relación de las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en una misma substancia esencial (ousía). Las relaciones de paternidad, filiación y procedencia en la Trinidad fueron reconocidas por Tomás de Aquino como subsistencias personales. El concepto de relación subsistente personal en un mismo ser, sirvió entonces a Kierkegaard analógicamente para retornar el análisis al punto de partida agustiniano; es decir, la psiquis humana. La analogía agustiniana fue aplicar a Dios la dialéctica de la psiquis humana. La analogía kierkegaardiana es, por el contrario, aplicar al individuo el concepto de relación subsistente hallado en la dialéctica de la Trinidad, desarrollado por Tomás de Aquino desde la explicación psicológica de la Trinidad de Agustín, pero definida y perfeccionada por la nomenclatura del glosario boeciano, y las especulaciones principalmente de la escuela de San Víctor (Hugo y Ricardo).

Pero ya desde el período patrístico había comenzado a hacerse ambiguo el entendimiento de la estructura tripartista del hombre. El tripartismo antropológico de Pablo apóstol que aparece en sus epístolas perfectamente ensamblado con todo el lenguaje bíblico en general, y lo que de éste conservaba el judaísmo de su época tal como aparece en Josefo, distingue perfectamente el espíritu, del alma y del cuerpo (cfr. 1 Tes. 5:23; He. 4:12), asignando a cada parte funciones específicas. En Agustín todavía atribúyese al espíritu la intuición, pero la relación alma-espíritu ya comienza a ser ambigua; lo cual en la patrística posterior, en la escolástica, en el racionalismo, en el idealismo, y en el existencialismo, deriva ya plenamente a un cerrado bipartismo, a una mera dicotomía de alma y cuerpo, donde el espíritu es confundido con el alma, dando como consecuencia el embotamiento de la percepción espiritual, y deslizando al hombre al mundo meramente conceptual de la razón y anímico de la emoción.

Tal confusión arrastra, pues, una seria consecuencia epistemológica, especialmente en relación con la aprehensión mística espiritual de Dios, diluyendo la comunión del Pacto en una mera ortodoxia del entendimiento almático reflejado en el platonismo de las ascensiones escolásticas del entendimiento a Dios.

En Hegel se llega al extremo del absolutismo pretendidamente encarnado en el Estado Prusiano. Kierkegaard reacciona, pues, pero prestando para la dialéctica del individuo los conceptos tomistas del plano bipartista y dicotómico, con lo cual no logra en su existencialismo teísta liberar plenamente la identidad y función propia del espíritu más íntimo que el mero mundo conceptual y racional del alma. Mundo al que Descartes prácticamente confinó el racionalismo moderno, sus desarrollos idealistas, y los materialismos post-hegelianos de Feuerbach y Marx. Quienes realmente, gracias a su experiencia mística, reabrieron la ventana epistemológica del espíritu, y liberaron la mismidad del espíritu humano relacionado dialécticamente al alma intérprete y transmisora, y quienes rescataron la función de relación dialéctica directa con la Divinidad, fueron personas como Madame Guyon, Fenelón, Lawrence, William Law, Andrew Murray, Jessie Penn-Lewis, Austin Sparks, Watchman Nee To Sheng y Witness Lee.

Aunque no consta que Sócrates mismo haya dejado algo escrito de su propia pluma, no obstante sus diálogos y conversaciones fueron conservadas por varios autores tales como Antístenes, Platón, Jenofonte, Epicteto y Dión Crisóstomo. Pues bien, tanto Platón como Jenofonte conservan un diálogo socrático al que se ha titulado "El Banquete". En este diálogo, hablando Sócrates con Agatón acerca del Amor, reconoce Sócrates haber tenido como maestra en su método a una sabia mujer llamada Diotima de Mantinea, la cual indujo en Sócrates el típico pensamiento sintético que ha caracterizado al platonismo. Desconociendo los antecedentes de Diotima de Mantinea, partimos entonces desde ella para reconocer la influencia que, pasando par Sócrates, Platón, los neoplatónicos Plotino y Proclo, Filón, y la e«cuela cristiana de Alejandria (Panteno, Clemente, Orígenes), llegó hasta Agustín para cimentar su "explicación psicológica trinitaria". En tal vertiente, la distinción espíritu-alma es ambigua, no tan clara como en Pablo apóstol.

Por ejemplo, en el libro de Agustín "Contra los Académicos" se declara a la razón como la porción más noble del ánimo por la que debe regirse la conducta. A primera vista las cosas así planteadas son correctas y sencillas. Sin embargo debe tenerse en cuenta que la razón independiente de la intuición del espíritu regenerado, se desconecta de Dios, fuente de la verdad y jinete legitimo de la razón.

En la edad patrística, repito, pues, se helenizó al hombre desespiritualizándolo. La visión antropológica bíblica, y especialmente paulina, distingue el espíritu del alma, siendo el primero la parte más noble de nuestro ser y el asiento de la aprehensión epistemológica de Dios y de su guía, que iluminan a la sierva intérprete llamada razón. Como dije, la escolástica siguió a la patrística en esa confusión del alma y el espíritu, lo cual dio pie al racionalismo y aun al existencialismo.

La linea de místicos posteriores a la escolástica abrió en forma empírica y escritural las puertas al redescubrimiento de la distinción fundamental en la naturaleza humana de las funciones del alma y del espíritu. Sin embargo, incluso cuando los académicos definían el concepto de verosimilitud, estaban implicando, a su pesar, una intuición ética patrón que hacía a la razón clasificar de verosímil a determinado aserto.

Cierta antecedencia puede verse en Agustín respecto al "cogito" cartesiano.. El aserto de Descartes: "Pienso, luego existo", tiene su antecedente en Agustín de Hipona. En su obra "Del Libre Albedrío" (L.II, cap. 3), dice par ejemplo:

"Puesto que es evidente para ti que existes, y puesto que no podría ser evidente si no vivieras, es también evidente que vives".

Vemos aquí a la existencia evidente por el hecho de la vida, y a la vida evidente por su propia existencia. La intuición se relaciona más a la vida, en cambio la razón, más al conocimiento. El conocimiento interpreta a la vida, pero la vida misma antecede a su autointerpretación. La sensibilidad ante la vida tiene necesariamente validez epistemológica. La experiencia mística implica sensibilidad ante Dios, la Nueva Vida. Su interpretación ortodoxa es la Revelación Escrita en las Sagradas Escrituras, normalmente razonables. Vemos, pues, la relación de los argumentos teológicos, especialmente el revelacional, con la epistemología, la ética y la existencia.

Tal praxis mística ha estado dignamente representada por los arriba citados propulsores de la vida interior y otros. Madame Guyon, en su autobiografía, abre las puertas para el reconocimiento de un sendero experiencial de consagración a Dios y conocimiento de Él. Es también famosa la polémica entre Bossuet y Fenelón acerca del Amor Puro. Bossuet, el gran campeón del romanismo a quien paradójicamente Roma repudió par galicano, disputaba con Fenelón acerca del amor a la recompensa en el amor a Dios.

Fenelón, por su parte, hallaba en Dios mismo siendo amado la recompensa. Véase, por ejemplo de Fenelón, su obra "Disertación del amor puro". Del Hermano Lorenzo (Lawrence) véase por ejemplo "La Práctica de la Presencia de Dios", donde se evidencia la separación del hombre interior, el espíritu, y el hombre exterior, el alma. Tal misticismo cristiano entre los católicos tuvo su émulo dentro del cristianismo protestante en William  Law, hecho ministro ordenado en 1711. Su obra "Un Serio Llamamiento a una Vida Santa y Devota" influyó profundamente a J. Wesley y a Whitefield, prominentes líderes espirituales que cambiaron el rumbo de sus respectivas culturas.

William Law también influyó en Andrew Murray, otro prominente líder espiritual, autor de numerosos libros, dentro de los que descuella "El Espíritu de Jesucristo", en relación con la provisión divina para  la apropiación humana, Andrew Murray a su vez influyó en Jessie Penn-Lewis y Austin-Sparks, cuyas obras al respecto de la experiencia y lucha espiritual, junto a las de Otto Stockmayer y Evan Roberts influenciaron a Watchman Nee To Sheng. Este último, en su importantísima obra "El Hombre Espiritual" desarrolla los asertos de Jessie Penn-Lewis en su obra "Guerra contra los Santos".

Nee tiene la particularidad de resumir tal corriente mística y aunarla a otras corrientes espirituales anteriores a él, superándolas. Su obra marca la vanguardia del siglo XX en el conocimiento de Dios y experiencia de Dios. De la escuela china de Nee continúa Witness Lee ahondando el tema en obras tales como "El conocimiento de Vida", "La Experiencia de Vida", "La Economía de Dios", "El espíritu Humano", etc.

Me he detenido a referir tales autores y sus obras porque considero que es indispensable conocerlos para entender a fondo la propuesta de una Teología Mística Integrante que valida la epistemología del espíritu, constituyéndola en vanguardia directriz para toda indagación e intelección global, desde la directa intervención divina en gracia presente, cual aplicación de la Revelación Escrita en su exégesis ortodoxa. En su obra "Las Aventuras de Telémaco", Fenelón prepara además la sumisión de la monarquía a los parámetros teocráticos.

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