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DECLARACIÓN DE MEDELLÍN '88 / documento

Por cristianogiv - 12 de Agosto, 2006, 4:04, Categoría: General



HACIA LA INTEGRALIDAD, Apéndice 1




DECLARACIÓN DE MEDELLÍN '88




INTRODUCCIÓN AL DOCUMENTO
“DECLARACIÓN DE MEDELLÍN”


El documento que aquí se presenta al público es el Documento Final de la CONSULTA MEDELLÍN ‘88, un evento organizado conjuntamente por la Confederación Evangélica de Colombia (CEDECOL) y el Seminario Bíblico de Colombia (SBC), en el cual participaron líderes evangélicos de once países de América Latina y de otras partes del mundo. El evento se extendió del 22 al 26 de agosto de 1988 y contaba con la colaboración del Dr. Emilio Antonio Núñez, el Dr. Jorge Atiencia y el Prof. Ramón Hundley.


La Consulta se celebró en el vigésimo aniversario de la reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano en Medellín en 1968 (CELAM-Medellín ‘68) y tenía el propósito siguiente (según el material promocional que se publicó para el evento):

"El propósito de la Consulta es fomentar una reflexión seria, desde una perspectiva evangélica y bíblica, sobre la Teología de la liberación, con el fin de orientar a la Iglesia de Cristo en su testimonio y servicio en el contexto latinoamericano".

Uno de los objetivos específicos de la Consulta era:

"Elaborar una declaración sobre la Teología de la Liberación que pueda orientar a las iglesias evangélicas de América Latina en su enfrentamiento con la Teología de la Liberación y en su búsqueda por una obediencia integral al Evangelio".

Este objetivo se realizó en el documento que aquí publicamos. Para entender mejor de qué manera se elaboró este documento es necesario explicar brevemente la estructura y el  mecanismo de la Consulta.

De los cuatro días de reuniones, el primero se dedicó a exposiciones sobre la Teología de la Liberación, su contexto, sus raíces, su hermenéutica, su contenido y su proyecto histórico.

Después hubo dos días de conferencia sobre diferentes aspectos de la Teología de la Liberación. Estas sesiones estaban estructuradas para permitir que los participantes trabajaran en grupos pequeños sobre preguntas de reflexión relacionadas con el tema de la conferencia. Los resultados de este trabajo en grupo fueron anotados por una persona en cada grupo, persona designada por el mismo grupo.

El ultimo día se dividió en tres plenarias con foros abiertos que permitieron una participación directa de los asistentes y que tenía como propósito resumir las conclusiones de la Consulta en tres áreas: "Auto-crítica de la Iglesia Evangélica", ''Evaluación de la Teología de la Liberación" y " Agenda de la Iglesia Evangélica".

Desde un principio estaba trabajando una Comisión de la Declaración Final, comisión compuesta por un líder evangélico nacional, un pastor, un misionero, una profesional, un estudiante de teología y un teólogo. El trabajo de la Comisión consistió en recoger los resultados de la reflexión en grupos del segundo y tercer día de la Consulta, como también las conclusiones presentadas en las plenarias del último día. Fue ésta la materia prima para la Declaración Final. La Comisión no hizo más que estructurar este material y redactarlo para evitar repetición y reduplicación. Este material se encuentra en la Segunda Parte del documento, la parte que se intitula “Confesión y Compromiso".

La Primera Parte del documento, "Observaciones en cuanto a la Teología de la Liberación", salió directamente de la plenaria de "Evaluación de la Teología de la Liberación". El Dr. Núñez, como coordinador del panel, presentó estas observaciones como resumen de las evaluaciones hechas. Los participantes en la Consulta pidieron que estas observaciones fueran incorporadas en la Declaración como expresión del consenso de la Consulta, y así se hizo.

Siendo que el documento tiene como propósito "orientar a las iglesias evangélicas", se incluye al final un breve glosario de términos técnicos que no son de fácil acceso y comprensión para muchos en la iglesia.

Esperamos que este documento pueda servir como punto de partida para una reflexión más amplia en las iglesias sobre nuestra responsabilidad cristiana frente a la realidad que vivimos en América Latina.

Se espera muy pronto ofrecer al público el texto completo de las conferencias dictadas en la Consulta.


DECLARACIÓN
DE
MEDELLÍN

Preámbulo

Convocados por la Confederación Evangélica de Colombia (CEDECOL) y por el Seminario Bíblico de Colombia, y bajo la dirección del Espíritu Santo, nos reunimos en Medellín, Colombia, pastores, misioneros, profesionales, profesores y laicos de diferentes países de América Latina y de otras partes del mundo, para participar en la CONSULTA MEDELLÍN 88, del 22 al 26 de agosto de 1988.

Aunque nos reunimos en primer lugar para analizar la Teología de la Liberación, encontramos que nuestra reflexión giró más y más en torno a la práctica de la misma Iglesia Evangélica en nuestro continente.

Vemos la necesidad de formular pautas claras que expresen el sentir de la Iglesia Evangélica, y que sirvan para orientarla en su misión dentro de la situación que se está viviendo en nuestra amada América Latina.

En nuestro análisis de la Teología de la Liberación hemos visto elementos en ella que nos preocupan seriamente desde nuestra perspectiva evangélica. Sin embargo el estudio serio y responsable de la misma ha sido de gran estímulo en nuestra reflexión y nos ha ayudado a cuestionar muchos aspectos de la enseñanza y práctica de la Iglesia Evangélica.


Primera parte

OBSERVACIONES EN CUANTO
A LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN


Nos hemos acercado con profundo interés y respeto a la Teología de la Liberación, que entre otras expresiones de este sistema de pensamiento es la más conocida en nuestro medio latinoamericano y en otras regiones del mundo, es decir la teología católica de la liberación, representada por autores católicos como Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Jon Sobrino, Juan Luis Segundo y otros teólogos católicos que fundamentalmente coinciden en su manera de pensar. Además hemos tomados en cuenta los aportes de teólogos protestantes como Rubem Alves y José Míguez Bonino.

Hemos querido escucharles atentamente y nos hemos esforzado por entenderles e interpretarles hasta donde nos ha sido posible, aparte de prejuicios teológicos, eclesiásticos y políticos. Hemos querido hacerle justicia a su teología, reconociendo que todos somos tentados a caricaturizar a aquellos sistemas que no coinciden con el nuestro.

Somos conscientes de que la Teología de la Liberación es conocida por mucha gente en América Latina y en el extranjero, solamente por medio de descripciones superficiales que se han propagado en la prensa religiosa y secular. En algunos casos este conocimiento se ha reducido a algunos slogans que desfiguran el pensamiento liberacionista.

Reconocemos que la Teología de la Liberación es el producto de una honda, sincera y noble preocupación por la problemática social, económica y política de nuestro pueblo latinoamericano. Sentimos que los autores de esta Teología han sido impulsados por el amor a este pueblo que en su gran mayoría sufre el azote de la pobreza y la injusticia social. Nuestro corazón palpita al unísono con el de los teólogos de la liberación ante el drama y la tragedia de los cinturones de miseria en los grandes centros urbanos y en muchas zonas rurales de nuestro subcontinente.

Reconocemos que los teólogos de la liberación han dedicado tiempo y esfuerzo al análisis serio y objetivo de esta realidad infrahumana, y admiramos la valentía que han demostrado en su denuncia profética sin acobardarse ante la posibilidad de ser marginados y aun excomulgados por sus propias iglesias  y perseguidos por las fuerzas opresoras en nuestro subcontinente.

Sin renuencia, más bien con espontaneidad y seriedad hemos aceptado los desafíos que la Teología de la Liberación nos ha planteado. El hecho de admitir que la gran mayoría de nosotros no hemos levantado la voz contra la injusticia social después de cien años de presencia evangélica en la América Latina, nos mueve al arrepentimiento, porque nuestro silencio ha sido culpable, aun cuando una de las causas de este silencio es que se nos entregó un mensaje cuyo más fuerte énfasis es individualista, dualista, excesivamente futurista y pesimista ante los problemas sociales. Lamentamos eso sí, que haya sido necesario que algunas corrientes de pensamiento en el mundo protestante, y ahora la Teología de la Liberación, irrumpan en la escena eclesiástica y social latinoamericana para que los evangélicos experimentáramos un despertar de nuestra conciencia social. Lo lamentamos porque el incentivo para asumir esa responsabilidad ha estado allí en la revelación escrita de Dios, y en la enseñanza y el ejemplo de aquellos hermanos y hermanas en Cristo, que a través de la historia de la Iglesia se han entregado en cuerpo y alma a servirle al prójimo en forma integral. Pero en esta Consulta nos hemos sentido motivados en la común unión con otros, en la presencia del Señor a reorientar nuestra vida y nuestro ministerio en consonancia con la Palabra de Dios y en sujeción al Espíritu Santo, para responder, de acuerdo con nuestros dones y talentos,  y según las oportunidades que el Señor nos dé, a la comunicación por palabra y hecho del Evangelio al hombre total.

En el Espíritu de libertad que debe caracterizar a los hijos de Dios, respetamos la  opción política de los teólogos de la Liberación, sabiendo que el pluralismo de ideas y opciones políticas es característica fundamental de la democracia; y esperamos el mismo respeto para las opciones que nosotros hagamos en este campo. Lo mismo podemos decir en lo que respecta a las convicciones de orden teológico. Es demostración de madurez cristiana el saber escuchar y participar con hidalguía en el libre juego de ideas, sin atacar a las personas que las sustentan.

Hemos encontrado en la Teología de la Liberación elementos positivos que vienen a enriquecer el acerbo teológico latinoamericano. No hay tiempo ni espacio para comentar siquiera algunos de esos elementos. Que baste con decir que los hemos apreciado y los seguiremos teniendo en cuenta en nuestro quehacer teológico. Es un hecho que después de todo lo dicho sobre contextualización en círculos evangélicos mundiales durante los últimos 25 años, y después de las nuevas investigaciones en el terreno de la interpretación bíblica, y después del desafío de la Teología de la Liberación, no podemos dar marcha atrás en el camino de la hermenéutica evangélica. No es posible interpretar las Escrituras dándole las espaldas a nuestra realidad cultural y social. Una nueva era ha llegado para la Teología evangélica latinoamericana y la Teología de la Liberación ha sido uno de los factores determinantes del nuevo rumbo que va tomando nuestro quehacer teológico en la América Latina.

Por otra parte, la Teología de la Liberación es para nosotros motivo de serias e inevitables preocupaciones. Como herederos del principio de la Sola Scriptura, nos preocupa lo que a1gunos de los teólogos de 1a liberación le hacen a la Biblia.

Aparte de la discusión de siglos sobre la extensión del canon y de la controversia en cuanto a la autoridad que la Iglesia Católica Romana le da a la tradición, colocándola al mismo nivel de las Escriture y a veces sobre las Escrituras, nos inquieta la forma acrítica en que algunos teólogos de la liberación utilizan la Crítica Histórica en su acercamiento a las Escrituras. No menospreciamos el estudio de la Crítica Histórica; por el contrario, creemos que debe estudiarse, especialmente en nuestros seminarios, y abogamos por una intensificación del estudio de las ciencias bíblicas para poner un sólido fundamento en la elaboración de nuestra teología, pero deseamos también ser realistas y no pasar por alto la especulación que todavía existe en el estudio crítico de las Sagradas Escrituras. La aplicación acrítica de dicha Crítica resulta en la deformación del texto bíblico y en la pérdida de autoridad de la revelación escrita de Dios ente los ojos de aquellos que no tienen una sólido formación bíblica.

Nos preocupa lo que algunos teólogos de la liberación le hacen a la Biblia, porque como cristianos evangélicos profesamos que ésta es nuestra regla de fe y conducta. No queremos ser bibliólatras, rindiéndole culto al libro mismo como si éste fuese un objeto mágico; tampoco queremos ser simplemente biblicistas, expertos en el conocimiento teórico de su contenido, pero indiferentes a su mensaje para nuestra vida personal y ministerial. No queremos ser solamente bibliófilos en el sentido de interesamos solamente en coleccionar versiones del texto sagrado. Queremos, eso sí, ser bibliófilos, pero en el sentido de amar la Palabra de Dios revelada en las Escrituras, aunándoos al salmista cuando clama: "¡Cuánto amo tu ley !'. Anhelamos tomar siempre en serio esta revelación escrita, la cual tiene poder en sí misma para convertir el alma y transformar la vida del ser humano. El Evangelio es para salvación, salvación integral, de todo aquel que cree en Cristo. Rechazmos la idea de que lo más importante es Cristo, no la Biblia. Creemos y proclamamos que la Biblia es la revelación de Dios escrita, y Jesucristo la revelación de Dios encarnada, pero que no podemos estar seguros de alcanzar el conocimiento del auténtico Cristo aparte de la revelación escrita, la cual es el testimonio más fidedigno que tenemos en cuanto a su persona, ya que sus páginas ofrecen lo que vieron y oyeron los que estuvieron con El y lo que aprendieron de éstos de primera mano otros escritores del Nuevo Testamento.

Nos preocupa también lo que algunos teólogos de la liberación hacen con la Biblia, la exégesis que emplean y la ideología de izquierda en la teología radical que le imponen al texto bíblico. Que nosotros también hayamos interpretado ideológicamente la Biblia, no es excusa para cambiar una ideología por otra e imponerla como criterio final. En nuestra tarea hermenéutica, no queremos resignarnos a decir que no es posible acercarnos químicamente puros a las Escrituras. Anhelamos confiar en la capacidad que la Biblia misma tiene para comunicarnos su mensaje -"en tu luz veremos la luz". Queremos confiar también en la asistencia del Espíritu Santo para guiarnos a toda verdad. No es fácil la tarea hermenéutica, pero nos sentimos motivados para continuar en ella, esforzándonos en la gracia de Dios, para desentrañar el significado de esa revelación escrita y hablar con la autoridad bíblica en respuesta a la problemática latinoamericana.

Nos preocupa seriamente el sentido clasista que algunos teólogos de la liberación quieren darle al Evangelio, y el intento de promover la lucha de clases, dejando abierta la puerta a una escalada de violencia en nuestro medio. Somos realistas, no cerramos los ojos a que la injusticia social y la violación constante y brutal de los derechos humanos pueden llevar al pueblo en desesperación a la lucha armada. Ha ocurrido muchas veces en el pasado y puede ocurrir otras tantas en el presente y en el futuro. Aun los cristianos se han involucrado y pueden involucrarse en una revolución. No es nuestro deber juzgar sus decisiones éticas, en las difíciles circunstancias que tienen que hacerlas. Nuestro privilegio es orar por ellos.

Con todo, la Iglesia, como Iglesia, tiene por vocación orar siempre por la paz de la ciudad y optar por la vida, la vida de plenitud para el ser humano, en tiempos de paz o en tiempos de guerra. Si protestamos contra la fabricación y uso de las armas nucleares y nos oponemos a la gran matanza que esas armas pueden producir a nivel mundial, hemos también de oponernos a que reine la violencia y la muerte en nuestras respectivas naciones. Si la Iglesia guarda silencio ante la amenaza de la violencia a nivel nacional e internacional, ¿cuál organización se expresaría en nombre de Cristo a favor de la vida, en contra de la muerte?

Nos preocupa el concepto antropológico de los teólogos de la liberación, un concepto que por momentos parece tener un excesivo énfasis antropocéntrico, que va más allá del 1ugar privilegiado que Dios le da al ser humano en su revelación escrita. Hay un antropocentrismo cristiano y un antropocentrismo no-bíblico.

Nos preocupa que, sin negar el pecado personal, hay teólogos de la liberación que le dan más importancia al pecado estructural, sin subrayar que de dentro del corazón de los individuos viene el pecado según la enseñanza de Jesucristo.

Nos preocupa que no se le dé suficiente énfasis en la Teología de la Liberación a la regeneración del individuo, ni al arrepentimiento al cual son llamados todos los seres humanos en cualquier clase social.

Nos preocupa que la Teología de la Liberación denuncia el pecado de los opresores, pero no el de los oprimidos, olvidando que si bien no debemos glorificar la pobreza, tampoco debemos glorificar al pobre, porque todos somos pecadores.

Nos preocupa que se subraye la salvación intrahistórica, pero no la que trasciende las realidades terrenas.

Nos preocupa que no pocos lectores pueden entender que todo movimiento que profesa ser liberador de los oprimidos es una avanzada del reino, cuando hay la posibilidad de que algunos movimientos revolucionarios resulten en otra esclavitud para nuestro pueblo.

Nos preocupa que se deje entender que la mayor expectativa sea una antropofanía y no la teofanía, la manifestación del Señor en gloria.

Al mismo tiempo, renovamos hoy nuestros votos de dedicación a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y nos comprometemos de nuevo a someternos a su soberanía, y servirle en la promoción de su reino en este mundo proclamando el mensaje del reino presente, obedeciendo en nuestra vida y ministerio sus demandas, y anunciando, llenos de esperanza, su futura manifestación.

Nos comprometemos a seguir cultivando la unidad que hemos expresado en esta Consulta, en todas las oportunidades que el Señor quiera concedernos, para edificarnos los unos a los otros, motivándonos al compromiso social, en obediencia a la Palabra de Dios, en sujeción al Espíritu Santo, en lealtad a nuestro pueblo latinoamericano.

Afirmamos que el intento de las ideas expresadas en este mensaje no llevan el intento de justificar veladamente, o subrepticiamente, el estado de cosas en nuestros países subdesarrollados, y esperamos que nadie quiera utilizarla con ese fin que traiciona 1os anhelos de nuestro pueblo por una vida que no sea una afrenta a la imagen de Dios grabada en todo ser humano. Que, por el contrario, se vea en este mensaje un clamor por la justicia que es el fundamento de la paz y una exhortación a que nosotros, cristianos evangélicos, asumamos la responsabilidad social que la Palabra de Dios nos impone.


Segunda Parte

CONFESIÓN Y COMPROMISO


A la luz de estas observaciones en cuanto a la Teología de la Liberación, queremos reconocer y confesar de manera específica que nuestra enseñanza y nuestra práctica en las Iglesias Evangélicas han sido muchas veces y de muchas maneras deficientes. Queremos también comprometernos de manera específica a cambiar nuestra enseñanza y práctica donde vemos la necesidad de hacerlo.

I. Nuestra realidad latinoamericana.

A. Reconocemos y Confesamos que:

1. Muchas veces nuestra manera de entender la realidad de América Latina ha sido influenciada por diversas ideologías y no por la Palabra de Dios. De hecho, eso nos ha dejado mudos y paralíticos frente al mandato de anunciar el Reino de Dios.

2. A menudo nos hemos conformado con las estructuras, valores y normas de nuestra sociedad.

3. En múltiples oportunidades no hemos denunciado la injusticia social ni anunciado la justicia del Reino.

4. Muchos de nosotros no nos hemos preocupado por los pobres, los marginados, los maltratados y los necesitados como expresión de nuestra misión, llegando o considerar dicha preocupación como opcional.

5. A menudo hemos estado egoístamente satisfechos con nuestro propio bienestar. Como pueblo evangélico carecemos de un sentido claro de identidad, y nuestra autoimagen ha sido determinada por la condición de minoría religiosa en el continente.

B. Nos Comprometemos a:

1. Procurar entender nuestra realidad histórica a la luz de la Palabra de Dios.

2. Buscar definir, afirmar y expresar nuestra identidad bajo el mismo criterio anterior.

3. Desarrollar nuestra misión dentro de la realidad social, reconociendo sus dimensiones espirituales, ideológicas y técnicas.

4. Buscar un impacto social que no crea dependencia.

5. Buscar cambios en las estructuras sociales que mantienen y promueven la injusticia, a través de los medios legítimos a nuestro alcance; procurando la unidad y cooperación de los cristianos en dicha búsqueda; entrando en procesos que nos permitan formar organizaciones comunitarias eficaces.

II. Las Escrituras.

A. Reconocemos y Confesamos que:

1. Nuestra hermenéutica se ha caracterizado muchas veces por una tendencia a espiritualizar, y ha sido influenciada por prejuicios personales, trasfondos denominacionales, estructuras teológicas impuestas y filosofías materialistas, tanto de derecha como de izquierda, lo mismo que por las modas teológicas.

2. Muchas veces no hemos sometido en forma total nuestras creencias a la Palabra de Dios.

3. Otras fuentes de autoridad han venido sustituyendo a la Biblia en la Iglesia, tales como la sicología, experiencias personales, la ideología y la dependencia teológica.

4. A menudo hemos hecho del texto bíblico algo más importante que el mismo Autor del texto, confiriéndole poderes mágicos al texto. Nos hemos olvidado de que es la Palabra viva de Dios, poderosa y eficaz. Pensamos que es nuestra medida de fe lo que la hace eficaz.

5. Hemos desconocido con frecuencia que Dios habla y actúa a través de su Palabra en la historia de los pueblos.

B. Nos Comprometemos a:

l. Estudiar las Escrituras en forma sistemática, buscando evitar la selección de textos preferidos.

2. Proclamar la autoridad normativa de las Escrituras.

3. Tener en cuenta la práctica cristiana en nuestra hermenéutica.

4. Reconocer en las Escrituras la única fuente explicativa del actuar de Dios.

5. Hacer de los criterios del Reino, expresados en ella, los criterios de evaluación y juicio de cualquier ideología. sea ésta del centro, de derecha o de izquierda.

III. El Hombre Integral.

A. Reconocemos y Confesamos que:

1. El hombre fue creado como ser integral y que es objeto del amor de Dios que incluye propósitos temporales y eternos.

2. Nuestra predicación se ha caracterizado por un dualismo que trata al hombre como un ser meramente espiritual, con desprecio de lo terrenal. La consecuencia de esto ha sido una dicotomía en la vivencia cristiana.

B. Nos Comprometemos a:

1. Entender nuestro ministerio a la luz de la Palabra de Dios (p. ej. Luc. 4:18,19).

2. Reconocer que la obra de Cristo se entiende en tres aspectos: a) lo que hace por nosotros (redención), b) lo que hace en nosotros (transformación), y c) lo que hace a través de nosotros (servicio).

3. Reconocer que la Biblia entiende al hombre no sólo como ser religioso, sino también como ser social y como ser trabajador y creativo, con una relación con el mundo que se realiza a través de su labor y sus relaciones interpersonales.

4. Ser buenos mayordomos de los recursos que Dios ha puesto a nuestra disposición.

IV. El Señorío de Cristo y nuestra obediencia cristiana.

A. Reconocemos y Confesamos que:

1. Nuestra práctica muchas veces no corresponde a lo que decimos creer.

2. Muchas veces no hemos reconocido la necesidad de unir la sana doctrina y la obediencia integral.

3. Nuestra práctica con frecuencia ha respondido a los reclamos del mundo y no a la agenda de Dios en su Palabra de tal manera que nuestros criterios de autoevaluación también han sido dictados por el mundo (producción, tamaño, eficiencia, publicidad, estadísticas, etc.).

4. A menudo nos hemos contentado con patrones de mediocridad. Consideramos que lo mediocre es suficiente cuando es "para el Señor”.

5. Muchas veces nuestro concepto de santidad no ha reflejado el concepto bíblico de la santidad que abarca todos los ámbitos del pensar y actuar humano (familia, trabajo, comercio, administración de justicia, de gobierno, de la educación, celebración religiosa, etc.).

6. Con frecuoncia la medida de nuestros recursos ha determinado la extensión de nuestro servicio, no sintiéndonos responsables cuando faltan.

7. A menudo hablamos de la necesidad de unción espiritual para el predicador, pero no para aquel que sirve (el diácono), desconociendo así el principio establecido por los apóstoles en Hechos 6.

8. Hemos enfatizado los dones de lenguas, interpretación, profecía, milagros, etc., pero no sierrtpre los dones de misericordia, servicio, liberalidad y administración.

9. Muchas veces hemos llegado a pretender manipular a Dios a través del ejercicio de los dones, del ayuno, de la oración, etc.

B. Nos Comprometemos a:

1. Procurar tanto la sana doctrina como la obediencia integral.

2. Desarrollar un discipulado que prepare al creyente para  su servicio integral en el mundo.

3. Recuperar los valores del Reino: verdad, fraternidad, honestidad, justicia y sentido de cuerpo de Cristo.

4. Practicar el diaconado bíblico de servicio a los necesitados que sirva de testimonio de los valores del Reino. Entendemos que nuestra responsabilidad empieza por la familia de la fe.

5. Procurar la justicia, no como medio para traer el Reino, sino como expresión de su presencia en medio nuestro.

V. Nuestra Pastoral.

A. Reconocemos y Confesarnos que:

1. En la Iglesia no siempre hemos provisto una educación en cuanto al ámbito político y en cuanto a la vocación y 1a responsabilidad del individuo en el ejercicio político.

2. Muchas veces no hemos alcanzado a la comunidad alrededor de nuestros centros de reunión. Hemos estado en la comunidad, pero no hemos sido parte de ella.

B. Nos Comprometemos a:

1. Educar a nuestras congregaciones en cuanto a la responsabilidad y/o a la vocación del cristiano en el ámbito político.

2. Hacer de la iglesia una comunidad teológica y hermenéutica, que no sea pasiva al escuchar teología sino que haga teología. Es decir, involucrándola en la tarea de formular lo que cree, por qué lo cree, para qué lo cree, y la relevancia de lo que cree.

3. Formar un liderazgo capacitado para reflexionar bíblicamente y para enseñar a reflexionar libremente en la iglesia.

4. Revaluar los métodos de la educación cristiana que seguimos para evitar el modelo “bancario” donde sencillamente se escucha y se absorbe sin reflexionar.

5. Servir e impactar a la comunidad  inmediata que rodea a los centros de reunión.

VI. Teología Latinoamericana.

A. Reconocemos y Confesamos que:

1. Nuestra iglesia no es producto apenas de técnicas, sino que es la obra del Espíritu Santo.

2. Se ha dado en nuestro medio una dependencia teológica que ha frustrado la motivación a la reflexión por el temor a equivocarse. Creemos en principios teológicos, pero carecemos de una teología autóctona articulada.

B. Nos Comprometemos a:

1. Promover el desarrollo de una teología latinoamericana, reconociendo que no somos creadores de nuevos conceptos teológicos, sino que buscamos el intercambio con otros que están en el quehacer teológico y con la herencia teológica que hemos recibido de la Iglesia a través de la historia.

2. Desatroliar una teología contextualizada del Reino que facilite el entendimiento bíblico de conceptos tales como: pobreza, riqueza, violencia, misión, servicio, etc., y que nos ayude a encarar la realidad social con integridad.

3. Formar grupos interdisciplinarios de pensadores cristianos que analicen bien nuestros contextos y den pautas claras para la aplicación de las verdades de la Palabra.

4. Promover el desarrollo de teólogos latinoamericanos y la interpolinización de los teólogos de diferentes centros teológicos del continente.

5. Expresar la teología en forma pedagógica para el pueblo, dada la urgencia de formar teológicamente al cuerpo. Un pueblo sin teología no se mantiene firme en épocas de crisis. El creyente debe poder responder a los desafíos del mundo en el cual servimos.

6. Tener seminarios más funcionales donde la teología se haga en relación estrecha con las congregaciones.

7. Hacer un estudio profundo de los avivamientos que ha habido a través de la historia, a fin de apreciar su impacto integral en el mundo de su tiempo y ser desafiados a esperar los mismos resultados de la obra del Espíritu en nucstros días.

VII. Vida Pública.

A. Reconocemos y Confesamos que:

1. Nos hace falta una conciencia plena de la dimensión política de nuestras vidas y del mundo en el cual vivimos.

2. Muchas veces hemos censurado a los que participan en la vida pública de sus comunidades o de sus países.

B. Nos comprometemos a:

1. Participar en la formación de la opinión pública desde un punto de vista bíblico y evangélico, utilizando los medios de comunicación a nuestro alcance.

2. Presentar proyectos concretos de impacto social, de participación política y de análisis socio-político según la perspectiva bíblica.

3. Incluir la educación política en los programas educativos de las instituciones de educación teológica.

4. Proclamar que el cambio social no garantiza la sa1vación do los hombres, de la misma manera como la salvación de los hombres por sí sola no garantiza un cambio social total.

VIII. La unidad y la cooperación.

A. Reconocemos y Confesamos que:

1. Nuestras divisiones son una de las vergüenzas mayores de la Iglesia, y se han constituido un impedimento para la aceptación del Evangelio.

2. Muchos de nosotros nos hemos encerrado en nuestros propios intereses y así hemos impedido una mejor mayordomía de_los recursos a nuestro alcance.

3. Ante la fragmentación de muestro continente latinoamericano hemos presentado una iglesia igualmente fragmentada y dividida.

4. Hemos reducido el concepto del cuerpo a la igjesia local,.negando que el hermano de otra denominación (y la denominación misma) también forma parte del mismo cuerpo de Cristo.

B. Nos Comprometemos a:

1 . Romper los prejuicios denominacionales que impiden un frente unido para el servicio integral.

2. Unirnos para crear estructuras de convivencias justas, solidarias y misericordiosas.

3. Solidarizarnos como latinoamericanos en la redacción de una carta de consuelo y apoyo a los hermanos de la iglesia peruana en la situación de violencia y duelo que experimentan en la actualidad.

4. Pedir que Dios nos dé una conciencia amplia del cuerpo.

IX. Las Misiones.

A. Reconocemos y Confesamos que:

1. No hemos enfatizado suficientemente la formación de la vocación al servicio social como responsabilidad de la Iglesia.

2. A menudo hemos apoyado en forma poco crítica al capitalismo, y no hemos abordado reflexivamente la ideología marxista, especialmente como se ha expresado en América Latina.

3. Con frecuencia hemos acentuado un individualismo exagerado, ignorando los aspectos comunitarios y colectivos de nuestra vida.

4. Hemos creado y aceptado una dependencia que ha impedido un desarrollo amplio de una iglesia autóctona.

5. Muchas veces seguimos aceptando um teología importada, cuando ya existe la capacidad para hacer nuestra propia teología.

B. Nos Comprometemos a:

1. Autocriticar constantemente nuestros métodos de reflexión y enseñanza teológica.

2. Confiar que el Espíritu Santo ha ido levantando hombres y mujeres idóneos y fieles para la enseñanza de otros.

3. Reconocer a los creyentes indígenas como miembros del Cuerpo do Cristo en América Latina.


TEMAS PARA REFLEXIÓN Y ACCIÓN.


Consideramos que dentro de la Consulta surgieron preguntas, cuestionamientos, temas y aportes que no se pudieron tratar a fondo. Queremos desafiarnos mutuamente a la profundización y a la acción que corresponda en estos temas.

l. –¿Cuál es la actitud correcta en materia de la propiedad privada?

2. –¿Cuál ha de ser el pronunciamiento de la Iglesia frente a la violación continua de los derechos humanos?

3. –¿Cómo promover una mayor participación de la mujer en la reflexión teológica?

4. –¿Cuá1es el concepto bíblico del hombre como varón y hembra, y cuáles son sus implicaciones frente al machismo prevalente en nuestro medio?

5. –¿Cuál es el papel y el lugar de la oración en el ministerio integral de la Iglesia y en la búsqueda de una sociedad justa?


INVITACIÓN AL COMPROMISO


Extendemos una invitación a las iglesias a estudiar este documento. con el corazón abierto a la voz del Espíritu Santo, con una disposición a obedecer a nuestro Señor y Maestro Jesucristo, para que Él sea Señor de nuestras vidas y de su Iglesia. "Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano" (1 Co. 15:58).

Convencidos que el Señor por su Espíritu es el gran movilizador de la historia, de la iglesia y de nuestros proyectos, hacemos un llamado a todo el pueblo evangélico a interceder para que este documento halle gracia delante de Él y de los hombres en la tarea de implementarlo con el ánimo de que Él sea glorificado.

"Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y orare, y buscare mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra" (2 Cró. 7:14).

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BREVE GLOSARIO

Antropocentrismo. "Doctrina o teoría que supone que el hombre es el centro de todas las cosas, el fin absoluto de la naturalezå. (Diccionario de la Real Academia).

Antropofanía. Manifestación del hombre (contrastada con Teofanía).

Antropología. ̊Ciencia que trata del hombre, física y moralmente considerado". (Diccionario de la Real Academia).

Crítica Histórica. La investigación de la relación entre los documentos bíblicos y su contexto histórico. Muchas veces, esta disciplina ha demostrado un concepto despectivo de la historicidad de los documentos bíblicos.

Dicotomía. Una división en dos partes. Se utiliza este término en la teología para indicar la distinción aguda entre lo espiritual y lo material/físico, sea en el hombre, en la sociedad, en la proclamación del Evangelio u otro aspecto.

Hacer Teología. Este término se explica en la Declaración de Medellín, Segunda Parte, V, B, 2.

Hermenéutica. "Arte de interpretar textos para fijar su verdadero sentido, y especialmente el de interpretar los textos sagrados ". (Diccionario de la Real Academia).
Ideología. "Conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, colectividad, época, movimiento cultural, religioso o político". (Diccionario de la Real Academia). El uso más común del término en nuestro medio es con referencia a las ideas fundamentales de un movimiento político.

Teofanía. Manifestación de Dios.

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