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DEL ARGUMENTO REVELACIONAL Y LA TEOLOGÍA MÍSTICA INTEGRANTE

Por cristianogiv - 12 de Agosto, 2006, 3:13, Categoría: General


ARGUMENTOS TEOLÓGICOS, EPISTEMOLOGÍA, ÉTICA Y EXISTENCIA (2)



Capítulo II



 
DEL ARGUMENTO REVELACIONAL

Y


 LA TEOLOGÍA MÍSTICA

INTEGRANTE




Sin embargo, siguiendo el pensamiento paulino en su correspondencia con los griegos creyentes, para éstos lo que mayormente cuanta en el conocimiento de Dios es la evidencia de la Revelación (cfr. 1 Corintios 1:18 a 2:16). Por eso insistimos que el edificio del Argumento Revelacional, cercado y reforzado por los argumentos periféricos auxiliares, debe ser necesariamente coronado para completación, por una genuina Teología Mística Integrante, la cual es el lenguaje auténtico de la experiencia y evidencia teísta cristiana. Del campo de la argumentación persuasiva de índole testimonial, debe necesariamente apuntarse al campo de la experiencia espiritual escriturística, cuyo lenguaje es, pues, como decimos, una teología no meramente ortodoxa, sino además mística en su mayor genuinidad, al estilo de la que ha perfeccionado Watchman Nee To Sheng y su escuela, aunando a la fidelidad bíblica, la vertiente mística espiritual representada antes de él por Madame Guyon, Fenelón, Lawrence, William Law, Andrew Murray, Jessie Penn-Lewis, Teodoro Austin-Sparks y otros.

Nos corresponde ahora tomar tan rica herencia y aplicarla cual fuerza interior directriz a todos los aspectos de la realidad; por eso hablo de la corona de una Teología Mística Integrante.

Los distintos frentes apologéticos: el teológico, el filosófico, el histórico y el factual, deben ser gobernados por el eje místico auténtico e íntegramente teocéntrico. Igualmente acontece con las diversas clases de teologías: la exegética y bíblica, la dogmática y sistemática, la histórica, y la apologética, etc.

La Teología Mística Integrante es el espíritu del alma y cuerpo teológicos, una vez que vaya perfectamente ensamblada como encarnación exegética de la Revelación Escritural. La exégesis genuina requiere comunión de experiencia mística con el autor a interpretar. Así como no vive un cuerpo sin espíritu, una ortodoxia sin mística está seca. Para el efecto, véanse los asertos de Nee en su obra "Conocimiento Espiritual".

Pero al igual que el espíritu se expresa mediante el alma por el cuerpo, así la Teología Mística Integrante no debe evitar vivificar los campos periféricos que siguen a la exegética y a la dogmática, es decir, la filosofía, la ciencia, la política, la economía, la estética, etc., puesto que tal deber es la razón de su jerarquía.

Ahora bien, aunque el Argumento Revelacional es el primordial para la conciencia creyente, no debe esperarse que la conciencia incrédula sea igualmente confiable frente a tal testimonio. En ese respecto no podemos eludir el hecho de la soberanía divina que interviene en gracia para abrir el corazón de los elegidos, y tampoco el hecho de la culpa moral que estorba la clara percepción. El corazón incrédulo sigue siendo responsable de sí mismo.

Además, se hace también evidente que uno no conoce a Dios por simplemente aprobar la conveniencia y convictividad de un argumento teológico. Se necesita aprehender a Dios directamente en el espíritu de una manera verificable por comparación con el registro exterior de las Sagradas Escrituras que contienen lo pertinente a la Revelación proposicional. No podemos tampoco cerrar los ojos al hecho de que la verdad suficientemente testimoniada en la Revelación escrita tiene una realidad substancial de contenido espiritual aprehendible por experiencia mística. Si negásemos la aprenhendibilidad experiencial mística espiritual, dejaríamos a la verdad consistir en la mera máscara. Pero lo cierto es que la Verdad escrita se refiere a su misma verdad aprehendible místicamente, además de racional. La Fe racional en la Revelación escrita no anula la realidad substancial como contenido de lo que se cree. La Fe, pues, en este sentido, no se basta en sí misma, sino que, con sólo el don de gracia de ella misma suficientemente, abre las puertas del contacto para la recepción de la realidad espiritual y la experiencia mística, que es la dinámica integradora de todo el ser y su conducta que conviven con el resto íntegro de la realidad.

No debemos, sin embargo, concluir en vista de lo anterior, que estamos apelando al mero psicologismo. ¡No! ¡Rotundamente no! El psicologismo al estilo Schleiermacher es obviamente insuficiente. Lo real es la objetiva revelación divina suficiente en las Escrituras, la cual, no obstante, se refiere a un contenido místico realmente aprehensible místicamente. Tampoco apelamos al barthianismo que no parece ver en la Revelación Escrita a la Palabra de Dios sino después de que haya sido aprehendida por la experiencia del hombre. ¡No! ¡Tampoco!

Dios realmente se ha revelado en forma objetiva y ha quedado fielmente impreso el registro de tal hecho en los escritos de la Biblia.

Pero la meta de Dios no es quedar frenado en las letras que le describen fielmente. Su intención es que tal fiel descripción sirva de canal de Su Espíritu hacia el espíritu del hombre, donde éste pueda aprehenderle místicamente. Vemos que en este caso entonces el "según la letra" se corresponde con el "según el espíritu", y viceversa.

 Tal es el contexto de la integralidad de la Revelación. Luego de la aprehensión en el espíritu, del contenido espiritual de la realidad revelada fielmente en las Sagradas Escrituras, tal verdad debe encarnarse en la experiencia práctica del creyente, y modificar su medio convirtiéndolo en su extensión del Reino de Dios, en todos los frentes y aspectos.


Por otra parte, no debe considerarse a lo que decimos respecto de una Teología Mística Integrante, como si fuese un apéndice, un añadido a la Revelación, un cuerpo extraño a la exégesis. Por el contrario, la Teología Mística Integrante nace de la misma exégesis; es su fruto más legítimo y propio. La relación mística con Dios mediante la cual se le conoce aprehendiéndole directamente hasta donde ha querido revelarse, es el más alto resultado (como Dios manifestado en nuestra vida cotidiana), y es la razón misma y más propia del ser de la exégesis.

Además, de esa relación individuo-Dios, brota y se estructura toda otra relación con el prójimo, la naturaleza y el universo visible e invisible. Cada realidad tiene su propio peso de evidencia. Y siendo Dios la Fuente y Sustento de toda realidad (incluido la permisión al mal), el testimonio evidente de la realidad divina es el primero y fundamental, el preeminente; por lo tanto, las evidencias del Argumento Revelacional se justifican como las principales y primeras de la consideración de Dios.

El racionalismo se ha autoengañado con una presuposición básica: la de su propia suficiencia. Debemos más bien estar abiertos al examen de todos los aspectos de la realidad.

Los argumentos teológicos que he llamado periféricos en relación al nuclear revelacional, constituyen, sin embargo, también los primeros vientos de revelación de parte de Dios; por lo cual, en la experiencia humana suelen jugar un papel preparatorio para la Revelación Especial. Es decir, demandan la atención y azuzan la búsqueda y expectativa; apela a determinada actitud moral, y por tal apelación dejan sin excusa al hombre (Romanos 1:19,20).

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