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EN LATINOAMÉRICA

Por cristianogiv - 12 de Agosto, 2006, 4:28, Categoría: General



HACIA LA INTEGRALIDAD (8)




Capítulo 8


EN LATINOAMÉRICA




Atentos a los grandes principios de representatividad y encarnación propios de una adecuada contextualización, nos ubicamos nosotros aquí en Latinoamérica, para trabajar en ella y sus plenas condiciones, el Reino de Dios. Mencionemos aquí la cita paulina que el Dr. Jorge Atiencia utilizó al comienzo de su exposición: "El contexto Latinoamericano de la Teología de la Liberación" en la Consulta Medellín '88:

"Pablo, apóstol de Jesucristo, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso" (Ef. 1:1).

El principio de representatividad lo vemos en la expresión "Pablo, apóstol de Jesucristo"; por otra parte, los destinatarios tenían, como genuinos cristianos, una doble condición: estaban en Cristo Jesús y estaban en Efeso. Estaban a la vez en lugares celestiales y con los pies en la tierra. No eran del mundo, pero al mundo habían sido enviados.

Respecto de los genuinamente cristianos, esta doble condición es una realidad que debe ser tenida en cuenta suficientemente, valorada y respetada, en toda contextualización, tanto hermenéutica como misional, referida al trabajo con y entre cristianos. Efeso es apenas una etapa en la peregrinación; Efeso no es un edificio; es apenas una tienda. Los cristianos gritamos a voz en cuello: No querernos ser supuestamente 'liberados' de Cristo Jesús, ni de nuestros afectos y metas celestiales. Queremos pan con cielo.

"Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo" (Flp. 3:20).

Sin embargo, somos enviados por Cristo al mundo, a Efeso, a Latinoamérica nosotros aquí.

Esta dualidad, debida a la integralidad de la realidad, está claramente correspondida por los dos aspectos de la Iglesia que nos presenta el Nuevo Testamento: la Iglesia universal, y su expresión en cada localidad. Entendiendo aquí localidad en el sentido municipal, o de centro normal de convivencia comunitaria gobernada políticamente. Localidad es, pues, aquí, la "polis".

Esta localización del contexto es, pues, mucho más especifica. No basta decir simplemente "Latinoamérica". Descendemos al mismo municipio o a la colonia donde las personas reales conviven juntas, entrecruzándose y afectándose mutuamente en primera instancia y con mayores niveles de incidencia. Es allí donde está presente toda la comunidad primaria, incluidas sus desigualdades y formas de ingerencia externa, es allí donde se vive prácticamente en un reino o en otro, bajo una u otra soberanía. Es allí donde las abstracciones se disuelven en las particularidades de la realidad. Es allí donde la dignidad de las personas y familias levanta su bandera contra la estandarización idealista, enarbolando el multifacético signo de las existencias concretas e inmediatas y además íntegras. Es allí cuando seguimos descendiendo desde Latinoamérica a cada latinoamericano en particular. Solo allí encontraremos al hombre real.

Entonces, en el trato con los hombres reales, aprehenderemos de nuevo lo propiamente humano antes que lo provincial. Lo humano prima sobre lo provincial. Cuando lo provincial prima sobre lo humano, el hombre es enajenado. El parámetro que mide la enajenación es lo divino, pues ésto es lo que esclarece a lo humano. Y sin embargo, lo paradójico es que en la mayoría de los casos lo humano es el provincialismo, y de allí la urgente necesidad de contextualización. El hombre tiende al provincialismo. Incluso, el club cosmopolita de los globalistas humanistas, son una pequeña élite donde su humanismo provincialista se levanta contra el provincialismo humano. Esta paradoja nos acompaña y sólo encuentra solución en el Amor. El amor requiere el diálogo real.

Para paliar tal condición, los estrategas planetaristas han recetado un globalismo federalista, centralizando el gobierno del mundo en lo económico, político y militar, pero dejando a modo de compensación el consuelo de lo folclórico: utilizando el instrumento del folclor como estrategia de producción y mercado, y como encubrimiento a la digitación globalizante.

La Iglesia de Cristo, por su parte, es también a la vez universal y local. El universalismo cristiano relativo regeneracionista difiere, sin embargo, del globalismo humanista, en su eje de coordinación y en la escala de valores a tal eje intrínseca. No debe permitirse una confusión estratégica entre el universalismo cristiano relativo y regeneracionista, y el globalismo humanista. Sus dos ejes están en inexorable lucha. Se trata del cósmico conflicto de la rebelión luciferiana contra Dios.

El globalismo humanista excluye necesariamente al verdadero Dios, al Dios trascendente de los cristianos. Por su parte, el universalismo cristiano, universalismo apenas relativo, pues no se refiere a todas las personas sino a todas las procedencias étnicas y sociales, el universalismo cristiano relativo excluye la autonomía trascendente del hombre, y subordina a éste a la soberanía absoluta de Dios. El cristianismo sólo reconoce en el hombre una autonomía relativa responsable ante Dios. Y esto es así por lo inherente de la cualidad ontológica del Ser autosuficiente Divino, y lo contingente del ser del hombre.

El cristianismo no se deja engañar por la ilusión del querubín caído, quien pretendió sentarse en el trono de Dios; el cristianismo no le cree a la serpiente su mentira de que no moriría al pretender ser como Dios. El cristianismo sólo cree en la realización de la imagen de Dios en el hombre mediante su asimilación de la  redención y resurrección por Cristo. El universalismo cristiano es, pues, relativo, apenas eclesial, en el sentido de legitimidad. Pero sí es totalmente abierto en su servicio. El cristiano no le quita legitimidad al hombre, pero sí a su pecado.

El humanismo, como el diablo, pretende legitimar su rebelión. He allí el meollo del conflicto entre la Simiente de la Mujer, y la de la serpiente. La contextualización de la Iglesia tiene sus fronteras donde comienza la rebelión de la serpiente. Esa es nuestra situación también aquí en Latinoamérica, pues ella es igualmente adámica. La misma serpiente se encuentra en nuestra patria grande. La antropología comparada corrobora la universalidad de la problemática de la especie.

Esto nos lleva a un alerta contra el provincialismo excesivo, y más bien nos dirige a una posición dialogante. El interlocutor de un diálogo aporta su identidad al beneficio común; y ese beneficio digiere necesariamente las otras identidades aportadas. Nuestro latinoamericanismo no puede ni debe, pues, consistir en una enferma autoctonía absoluta.

Pero a la vez que no somos una entidad continental aislada, sí tenemos una realidad particularizada, la cual marca nuestra identidad. Esta identidad clasifica, pues, sus conveniencias. Ante los. aportes innegables ajenos, lo propiamente latinoamericano sería su valoración y evaluación de tales aportes; su asimilación discriminada o su rechazo discriminado. Sí, la evaluación y la discriminación serían las reacciones propias del latinoamericanismo. Lo original serían sus descubrimientos propios. La adaptación de doble vía sería también propia de la gran provincia.

En Latinoamérica debemos ser conscientes y responsables respecto de lo que aceptamos, rechazamos, adaptamos y exportamos. Debemos saber desde nosotros mismos por qué y para qué lo hacemos.

También cómo y cuándo lo hacemos. Ese sería un auténtico latinoamericanismo dialogante dentro del contexto mundial, en todos los respectos, el teológico, el filosófico, el socioeconómico y político, etc. Indudablemente la Consulta Medellín ‘88 se une a muchas otras manifestaciones que reclaman la defensa de la dignidad latinoamericana.

Tales legítimos reclamos que deben aunarse a soluciones propias, constituyen la plataforma de una resistencia sureña contra la agresión de imperialismos de afuera que apenas ven en nosotros una federación servil. Una genuina no-alineación, permitiría a Latinoamérica sacar partido de todas las cosas positivas del Orbe adaptándolas a sus necesidades, a la vez que clara y firmemente rechazaría los extremos no convenientes. No debemos, en Latinoamérica, hacerle el juego a los extremos, que pretenden forzarnos a una opción simplificada y unilateral, como si no fuese posible, con dignidad propia, juzgar, entresacar, discriminar y adaptar a lo nuestro lo que más nos convenga de todas partes a la mayoría del pueblo aquí

Los criterios cristianos universales y multiseculares, genuinamente nacidos de la Revelación Divina, válidos para todas las épocas y lugares, enriquecerían el discernimiento de Latinoamérica para sus clasificaciones evaluativas y discriminativas que permitirían la adaptación a nuestras condiciones de lo verdaderamente útil y dignificante. Que no permita Latinoamérica la imposición limitante de un mero barniz cristianoide y sectario que le oscurezca las riquezas y posibilidades de la plena Revelación. No podemos dejar de concluir en este respecto que la posición que Latinoamérica en sus mayorías, en sus legislaciones y prácticas, adopte de la Revelación Divina del Cristianismo Bíblico y amplio, determinará su dignificación o su enajenación.

Cierto es que al cristianismo se le ha pretendido utilizar por los distintos imperialismos. Consciente de esto, la Consulta Medellín ‘88 pugna por una desideologización de la hermenéutica, y por una búsqueda independiente de los verdaderos tesoros de la Revelación Divina, para aplicarlos sin distorsión, en lo que humanamente nos fuere posible, a nuestras condiciones. Sin permitir por eso a tales condiciones dictarnos lo que queremos de la Revelación. Más bien creemos que la Revelación plena contiene las directrices para modificar y dignificar nuestras condiciones.

Tenemos, por ejemplo, equilibrios en la Palabra Divina, de los que no nos pueden dar ejemplos los diversos focos imperialistas tradicionales. La distribución equitativa y por suerte de la tierra por familias con implantación de jubileo, rescate, remisión y ecología, administrada por familias, que pueden asociarse sin enajenar la tierra, hace que en cada hombre se dé la doble condición de propietario y trabajador. Esto, unido a la estabilidad de la moneda, el siclo del santuario, que determina las equivalencias, y cuya emisión tiene en cuenta la distribución equitativa según el censo poblacional, hace que desaparezcan la miseria y la especulación, debido también a la urgente abolición de la usura. De estas y otras consideraciones trato más detenidamente en el escrito "Principios de Derecho Trascendental". Riquezas tiene la Palabra Divina, de las cuales una Latinoamérica soberana podría aprovecharse para su propio bienestar, dignificando su participación en el concierto de las naciones.

Es nuestro deber aquí, la institución de un Estado dignificante que honre la justicia de Dios cual revelada en las Sagradas Escrituras, lo cual aseguraría legítima bendición para nuestros pueblos. Dentro de las previsiones de la gracia esto es lo correspondiente; pero también dentro de las previsiones escatológicas encontramos margen para la resistencia previsora organizada contra la enajenación de nuestros pueblos y nuestros territorios. La política del entreguismo no hace sino facilitar el avance de las fuerzas anticristianas.

La Iglesia está llamada, respecto de la tierra y el mundo, a constituirse en candelero que alumbre a los que están en casa, en ciudad sobre un monte que no se pueda esconder. ¡Que Dios nos dé a quienes navegan con nosotros!

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