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PARÁMETRO CANÓNICO FUNDAMENTAL

Por cristianogiv - 12 de Agosto, 2006, 4:48, Categoría: General


HACIA LA INTEGRALIDAD (4)


Capítulo 4

PARÁMETRO CANÓNICO
FUNDAMENTAL



El documento deja fácilmente entrever que se ha intentado tomar como parámetro canónico fundamental, como perspectiva de fondo, como punto de referencia evaluativo, la opción típicamente evangélica del Fideísino Escriturario. Los participantes fuimos en general personas que por la gracia de Dios, recibimos el don de la Fe de Jesucristo, estrictamente escritural, y que habiendo hecho, sostenidos por la gracia divina, una opción moral y ética, libre y responsable, reconocemos la Autoridad de Dios en Jesucristo mediante el Espíritu Santo y las Sagradas Escrituras.

Procuramos, pues, al acercarnos a la Palabra de Dios revelada y escrita, dejarnos antes instruir integralmente por ella, en vez de ir a ella para usarla manipuladamente a favor de otra opción previa ajena a su propia autoridad intrínseca. Consideramos como de importancia capital dentro de la sana hermenéutica acercarnos lo más desprejuiciadamente posible a la consideración del Texto; añadimos además la dogmática y empírica confianza en el poder del Texto para redargüir y corregir. Yo mismo personalmente soy un convertido por la virtud del Espíritu operando directamente desde el Texto mismo escrito, habiendo sido antes un prejuiciado nietszcheano - freudiano - existencialista. Y no soy el único caso, sino apenas uno entre muchísimos.

La responsable opción ética y moral fideísta y escrituraria es, pues, la que acoge el parámetro evaluativo, el canon autoritativo con el cual medir la legitimidad, la conveniencia, la validez, la pertinencia, etc., de lo examinado y de lo propuesto. Se trata, pues, de una opción ética, para nosotros plenamente razonable, que se sostiene en la Fe de Jesucristo. Por Jesucristo hemos optado, en Su gracia, como Soberano, Salvador y Maestro. La opción de otras personas por sí mismas o por otros maestros, señores y salvadores, en nada invalida la legitimidad de nuestra opción.

Lo que falta ahora ver en el juego de las opciones personales responsables, y también comunitarias, es la realidad y calidad de las consecuencias inmediatas y mediatas, temporales y trascendentes. En ambos casos es una opción ética consecuencial de fe, que tan sólo se diferencia en el objeto de esa fe. Así que, como algunos han optado, a nivel de dogma o a nivel de hipótesis, por el instrumento de análisis hegeliano - feuerbachiano - marxista, nosotros optamos por la cosmovisión cristiana neotestamentaria.

No descartamos, sin embargo, que pueda haber en las distintas opciones elementos comunes debido a la hombridad esencial de los optantes que tiene como constitutivo el ingrediente rudimentario de la ley tácita en las conciencias relacionada con la razón, de lo que nos informa el apóstol Pablo en su carta a los romanos:

“14Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, 15mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Ro. 2:14,15).

Esto último, claro está, apenas en el nivel ético genérico y rudimentario de la naturaleza en lo germinal, sin la casuística de las justificaciones pecaminosas y sin las iluminaciones de la Revelación Especial. Tal genericidad ética del "camino medio" la encontramos, por ejemplo, en variedad de culturas como las, en su antigüedad contemporáneas, taoísta y confuciana, la socrática, la posterior de la filosofía árabe medioeval, especialmente de Algazel, y otras menores, antiguas y posteriores, representadas en variedad de Códigos. Lo cual, al compararse todo, testifica de esa ley rudimentaria de la ética natural, denominada por Kant "el mandato categórico" de la razón práctica.

Los elementos comunes a las diferentes opciones encuentran, pues, su base en este primer nivel rudimentario de ética natural, exaltada por algunos filósofos a una pretendida síntesis superior humanista. Los cristianos, sin embargo, no podemos sufrir tal reduccionismo, sino que, conociendo la Revelación y la Redención de la conciencia, aspiramos legítimamente a una superación de la rudimentaria ética natural, por una más amplia y profunda moral revelacional que sobrepasa la ética instintiva impuesta preservativamente por Dios a la humanidad, y en menor grado a los mismos animales, superándola en aras de la intervención divina proposicional de la Revelación, propuesta al hombre, ya no meramente instintiva, sino integral y cual agente moral que requiere de ese pivote superior para alcanzar las máximas alturas de realización a nivel personal y a nivel de superiores y exquisitas alianzas sublimadoras.

Ahora bien, si bien es cierto que de la naturaleza divina emanan los valores absolutos que se conocen en la Revelación de Dios, y que ésta tiene un registro histórico, inspirado y válido en las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos, no se pretende haber ya desentrañado toda la riqueza contenida en la Revelación. Es la Fe de Jesucristo, perfectamente racional, por la que en la gracia de Dios hemos optado, la que nos hace plenamente razonable y válida la aceptación de la normatividad de la Revelación escrita. Pero, a su vez, la profundidad del contenido de esa Revelación está apenas en camino de ser plenamente desentrañada.

No renunciamos, pues, a la historia de la Iglesia y su dogmática, pero tampoco nos estancamos en ninguna de sus etapas, sino que proseguimos en la dirección que nos depara la fe escritural de Jesucristo, opción que consideramos más excelente que las ambiguas esperanzas de la dialéctica marxista, tan desacreditada por los resultados históricos posteriores donde el pueblo sigue esclavizado por una nueva nomenklatura.

El marxisno heterodoxo de Ernesto Bloch, con una expectativa meramente antropofánica inspiradora de la teología política europea de la esperanza, nos deja sin satisfacción plena y trascendente. Por eso, a pesar de lo triste y lo profano de la historia de la Iglesia, seguimos optando, no por una justificación de sus caminos, sino por la excelencia de las Fuentes Cristianas: Jesucristo y las Sagradas Escrituras. Es por ello que el antirestauracionismo manifestado por J. Ratzinger a nombre del Vaticano en su interlocución con el liberacionismo, no me parece consecuente con sus reclamos a favor de la. ortodoxia. La inconsecuencia del antirestauracionismo vaticano consiste en justificar las desviaciones de la tradición eclesiástica a costa de sus fuentes primordiales y fundamentales. Con lo cual, al reclamar validez para el revisionismo histórico del sentido de las fuentes en la tradición católica, devuelve la antorcha al liberacionismo, que. por momentos, confiando en la dialéctica histórica marxista, sobrepone la autoridad de la praxis histórica a las fuentes de la Revelación.

Nuestra opción está, pues, en línea con la Reforma que se abreva fundamentalmente en la Autoridad de las Fuentes. Los principios, pues, contenidos en las fuentes que constituyen la Revelación escrita, son los indicadores de fondo que iluminan el discernimiento y las alternativas evangélicas representadas en este momento histórico de Latinoamérica por la Declaración de la Consulta Medellín '88. No es, pues, de extrañar, entonces, la exhortación a una mayor profundización de las Escrituras en orden a atender las propuestas que se originan en ellas mismas respecto de todo tipo de problemática y de desafío.

Con ello no desconocemos el factor “praxis" como uno de los determinantes de la hermenéutica, sino que lo situamos en un lugar subordinado ante la praxis divina, la de Dios, que con su Revelación es interlocutor primo en relación con el hombre en su praxis y en su hermenéutica. Puesto que hemos conocido a Dios hasta cierto punto, no esperamos apenas descubrirlo, sino que agradecemos su intervención por propia iniciativa en darse a conocer mediante Jesucristo, las Sagradas Escrituras y la iluminación del Espíritu Santo.

Los liberacionistas debieran comprender que tal acatamiento tiene lugar también en una praxis de la experiencia cristiana. Es para nosotros los cristianos bíblicos una experiencia histórica presente integrada a nuestra praxis actual, y en consonancia con las fuentes y su penetración histórica, la intervención permanente y providencial de Dios a través de Sus medios de acción constante en la historia:
Jesucristo resurrecto, el Espíritu Santo, las Sagradas Escrituras y la fidelidad de la Iglesia. A nuestra condición social y cultural real ha arribado la bienaventurada realidad de la intervención directa de Dios en los medios antedichos.

Que no se nos acuse, pues, injustamente, de no atender a la praxis histórica en nuestra hermenéutica defendida en la Declaración. Lo que testificamos es que en esa praxis encontramos un factor de máxima influencia actual: la intervención de Dios siempre presente en la histona mediante Jesucristo resurrecto, el Espíritu Santo y las Sagradas Escrituras con la fidelidad de la Iglesia.

Esta realidad de la presencia divina no está ausente en nuestra praxis , y por lo tanto no puede faltar en nuestra hermenéutica, que no se acerca por sí sola al Texto para interpretarlo desde la praxis, sino que en su praxis va incluida. La intervención divina que vivifica y corrobora el Texto y su sentido en la actualidad y en la vigencia de su identidad histórica inmutable, cuyo significado fundamental está adherido al Dios inmutable que se revela definida y específicamente en la historia registrada fielmente en las Escrituras, y que además está presente para hacerse entender en nuestra praxis en consonancia con la realidad de la influencia presente de sus actos revelacionales históricos.

Insisto en que la presencia divina mediante Jesucristo, el Espíritu Santo, las Escrituras y la fidelidad de la Iglesia, son parte de nuestra realidad social y cultural; y su intervención es factor de influencia primordial en nuestra experiencia integral, la cua así plenamente constituida, es la praxis que se acerca como uno de los factores a nuestra hermenéutica del Texto. Hemos experimentado el poder del Texto mismo gracias a la presencia actual de Dios, gracias a Su iluminación en gracia y por Su iniciativa y elección. A la realidad social y cultural del hermeneuta se ha sumado la realidad más poderosa del Dios que interviene con Su Espíritu mediante el mismo Texto, modificando la condición del hermeneuta y subordinándola a la superioridad de la intervención divina con el Espíritu y el Texto por sí solos.

Hemos sido convictos de pecado, justicia y juicio por el Espíritu Santo mediante el Texto; y seguramente que seguiremos siéndolo. Nuestra realidad social y cultural de pecado, aunque hubiese intentado colorear el Texto y deformarlo, ha capitulado y sucumbido y seguirá haciéndolo en virtud de la gracia divina, ante el poder de convicción del Texto mismo por el Espíritu. De manera que si aún seguimos optando por el pecado contra el Texto, somos conscientes de nuestra culpable responsabilidad, a la que pecaminosa y casuísticamente simplemente disfrazamos de "simple disidencia". Bueno sería recordar cómo han terminado generalmente las “disidencias" seculares en los momentos postreros, en la antesala de la desesperación, de la locura y de la muerte. Tenemos un vívido ejemplo en uno de los más radicales proponentes de la "transmutación de los valores": Friedrich Nietszche.

Por otra parte, sin embargo, una crítica constructiva debe hacerse al documento; y es que haya dejado apenas en forma tácita, escondido en las profundidades de la Escritura que acepta, lo relativo a asunto tan importante como el Eterno Propósito de Dios y Su Economía.

Sostengo que todo pronunciamiento acerca de la perspectiva cristiana bíblica debe referirse a este punto focal de la Revelación, puesto que el objetivo claro y central de Dios que se ha puesto como meta en Sus propósitos eternos es el que determina el cauce histórico de la intervención divina y la jerarquización de las prioridades. No puede hacerse una evaluación con altura, y no pueden presentarse alternativas viables desconociéndose el compromiso divino con lo central de Su propósito eterno.

Que este foco haya quedado tácito apenas, y no explícito, en un documento de evaluación y alternativas, me parece lastimoso, pues una simple mención de la teología del Reino puede dar lugar a equívocos y enajenaciones. Porque, ¿qué mejor orientación que las metas específicas y claras de  Dios junto con Sus estrategias más eficaces? No ha faltado en el pueblo cristiano bíblico un claro discernimiento a estos respectos; como ejemplo podemos citar las profundas enseñanzas de la escuela china de Watchman Nee To Sheng, o la escuela de Austin-Sparks. Abogo, pues, por una mayor profundización en respecto tan importante.

No obstante, como ya dije, la cosa ha quedado tácita en el documento cuando éste reconoce la normatividad de las Escrituras en asuntos de fe y conducta. La constante apelación a una perspectiva bíblica y evangélica en la consideración y aplicación de soluciones a nuestra problemática latinoamericana, demuestra nuestra fundada esperanza y confianza en la vigencia perenne de sus principios bíblicos ante el mundo moderno y posmoderno. Y esto no lo hacemos por ignorancia, como puede demostrarse en la erudición de muchos de nuestros exponentes.

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