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CONCEPTO CRISTIANO DE JUSTICIA SOCIAL

Por cristianogiv - 11 de Octubre, 2006, 14:16, Categoría: General


BREVIARIO POLÍTICO / Artículo 15: epistolario relacionado (viii)


CONCEPTO CRISTIANO DE
JUSTICIA SOCIAL

Escrito adrede breve del 23/IV/1992 así solicitado al autor por el comité ideológico del Movimiento Unión Cristiana, y allí debatido y aprobado; incorporado también a la plataforma ideológica del MUC, y pedido para ser leído en su programa televisivo.

La justicia social es apenas un aspecto del concepto cristiano general de justicia. Dentro de la sociedad en que se mueve la Iglesia de Jesucristo, la justicia social debiera ser un fruto subsidiario que alcanza la sociedad gracias al ejemplo, testimonio y gestión de los cristianos. Antes, pues, de que haya justicia social en la sociedad, debe aparecer ésta primeramente en la Iglesia; y antes de que aparezca en la Iglesia, debe formarse en el Ministerio; y para que se forme en el Ministerio, debe gestarse en cada uno de los pioneros a partir de la experiencia de la plena salvación. Sólo por esta vía llegará el Estado a servir a la sociedad con la aplicación del concepto cristiano de justicia social.

El Nuevo Testamento hace un claro contraste entre la justicia que es por la Ley de Moisés, la justicia propia,  y la justicia que es de Dios por la Fe de Jesucristo. Véanse, por ejemplo, los claros capítulos de san Pablo en Gálatas 3, Romanos 10 y Filipenses 3, entre otros. La fe en Jesucristo por la que se aplica la justificación de Dios, es también el medio por el que el cristiano se apropia de las provisiones espirituales de Dios en Cristo para la vida práctica e integral de todo cristiano, en lo individual y en lo corporativo.

Pero NO debemos entender que el contraste neotestamentario entre justicia propia y justicia de Dios por la fe, significa abrirle las puertas a la herejía del Antinomianismo; según algunos, como dice San Pedro, malentendieron a Pablo y según se le acusaba injustamente. Por el contrario; es el mismo San Pablo el que claramente explica que el Régimen del Espíritu, bajo la gracia  y en la Fe de Jesucristo, hace que poseamos la dinámica suficiente para el cumplimiento de la Ley; o más bien, de la justicia de la Ley, incluso de manera  magnificada.  De manera que podemos decir confiadamente que los cristianos somos instruidos en justicia y preparados para toda buena obra, individual o colectiva, personal, eclesial, social y hasta gubernamental, mediante el uso legítimo y espiritual de la Ley y de todo el Antiguo Testamento también. La Biblia entera pasa a ser reconocida como Palabra de Dios que tiene algo importante que decirnos hoy.

Por otra parte, el Nuevo Testamento, instruido por el Antiguo, nos enseña también el lugar y el papel que tiene el Estado en la sociedad secular como garante de la disuación contra el mal, de su prevención y castigo, y como promotor del bien. Corresponde, pues, al Cristianismo, dar ejemplo al Estado, enseñarle, e incluso participar plenamente en su institución, respecto también de este importante aspecto de la justicia social. El mal contra la justicia social debe ser tratado en la sociedad secular por el Estado. También es llamado el Estado a promover la justicia social.  Un modelo macro-económico y socio-político  de inspiración cristiana,  no puede dejar de contar con  la asertada y suficiente intervención estatal. El Estado debe aprender del Cristianismo, quien a su vez aprende de la Palabra misma de Dios qué cosas implica la práctica de la justicia social.

De la Palabra de Dios nos llegan valores perennes que informan la correcta organización de la sociedad en base a la justicia que es fundamento de la paz y la prosperidad. No habrá prosperidad sin paz, ni paz sin justicia social. Dios no nos dejó abandonados ni desprotegidos en este planeta. Su Voluntad manifiesta ha sido el de la equidad en la posesión de la herencia planetaria, territorial y concomitante.  La distribución equitativa, gratuita y por suerte de la tierra, según el censo de las familias, con aplicación de las figuras jurídicas  del jubileo, el rescate, la remisión, la conservación ecológica, la estabilidad monetaria del siclo del Santuario y sus relaciones, de precios, de intercambios, de oportunidades, con intervención estatal, la erradicación de la usura, la organización de la justicia con participación popular, etc., son todos elementos básicos para la realización de la justicia social.

En la Palabra de Dios, NO son las fuerzas del mercado libre quienes deben determinar el valor. El valor, en la Biblia, proviene de la determinación divina, según el siclo del Santuario, la cual debe representar el Estado. Además, también nos informa la Palabra de Dios acerca de la preferencialidad en la resolución de las urgencias de los más necesitados primeramente. Dios establece el Trono sobre la justicia social. En el Nuevo Testamento, la atención de los más necesitados no es cuestión de mera misericordia paternalista, sino cuestión de justicia, de devolver los derechos a aquellos  a quienes la estructura social se los ha arrebatado. La igualdad en este tiempo es también un valor del Nuevo Testamento. No todo depende del trabajo, sino también de la oportunidad, y mucho de la herencia.  El Estado debe garantizar la equidad en la distribución de la herencia de Dios a los hombres, y la equidad de las oportunidades; a la vez que evita las prácticas monopólicas que tienden a fomentar la inequidad.
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Gino Iafrancesco V., Bogotá, 1992.

 
 

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