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(1) DEL DERECHO DIVINO EN GENERAL

Por Gino Iafrancesco V. - 31 de Enero, 2009, 23:48, Categoría: General

PRINCIPIOS DE DERECHO TRASCENDENTAL (1)



DEL DERECHO DIVINO EN GENERAL

 

 

 

 

YAHWEH ELOHIM, el Único Dios Verdadero, el Todopoderoso que tiene Vida Eterna en Sí Mismo, de Sí Mismo, y que se revela a Si Mismo, Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente, Sumo Bien y Suma Perfección, Pleno de Amor, Santidad y Justicia, Creador Trascendente de todas las cosas y Sustentador Inmanente de todas ellas, también Redentor, Origen y Meta de toda plenitud, que se conoce a Sí Mismo con Su Verbo que es Imagen Suya partícipe de Su Divina Esencia, Igual a Sí y Uno Consigo, Verbo con el que se conoce desde  la eternidad, engendrado inmanentemente en Su Seno, sin principio, Resplandor de Su Gloria y Carácter de Su Hipóstasis, por el que se revela y crea, hacia el cual procede la Plenitud Divina y el cual la corresponde y la comparte exhalándose así el Espíritu Divino que es Amor Eterno del Padre que es Origen y del Hijo que es Su Verbo; Espíritu que El Mismo es Plenitud Divina; Dios Verdadero y Único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Yahweh Elohim, revelado en Jesucristo, que es Su Verbo encarnado, hecho hombre a semejanza nuestra,  tentado en todo cual nosotros, pero sin pecado; Centro de la historia humana, cuya crucifixión y resurrección son el meollo de la revelación divina en relación a la salvación; Este es la Luz, la Puerta, el Camino, la Verdad y la Vida, la Resurrección, el Principio y el Fin, el Primero y el Ultimo, el Alfa y la Omega, el Juez y el Soberano. De Él, por El y para El lo es todo.

 

Nada existe sin Él, y lo que existe, existe para El. He allí el Único Señor, el Heredero Legítimo de toda plenitud, el Vértice Único en que todas las cosas se reúnen; la Única Meta Legítima de todo. El es la razón de todas las cosas y sólo en El se realizan y hallan su ubicación definitiva. Sin El todo retorna al caos, nada se sostiene; sí, todo se destruye y se pierde; he allí en El a la Única Fuente de donde emana con amor la verdad, la justicia, el derecho y el juicio, la misericordia y la gracia. De Su Naturaleza revelada brotan los principios y valores absolutos que sustentan el orden y la armonía universales. El es imprescindible, el Eje todo necesario, el Fundamento de todas las cosas. Sin El es imposible construir nada, pues aparte de El las cosas todas se corrompen y mueren, se deslizan, desfallecen, se desfondan y carcomen hundiéndose en el desesperante abismo. Nada tiene sin El garantía de sustento. Nada es firme sin Él. Nada se establece lejos Suyo. Él es quien a todo presta el ser, y a cada existencia dio su forma y particularidad, su destino y responsabilidad; sí, su característica y misión. Todo, pues, volverá indefectiblemente a Él a rendir cuenta de sí. Sin El no existiría nada; sin El no hay principios ni valores; sin El no existe la justicia; sin El no existe el bien; sin El es imposible la vida e imposible cualquier realización. Todo lo necesita a Él; el mundo visible e invisible, los espíritus y el hombre, la humanidad y la naturaleza, toda sociedad. Desconocerlo es como suicidarse; mas suicidarse es como querer escapar por la puerta, que lleva a la prisión ineludible y perpetua. No hay forma de escapar; es imposible darle la espalda. La gran realidad no puede doblegarse. Existe Un Solo Soberano Ineludible y ese es Dios, sí, Yahweh Elohim. No puede, pues, el hombre- hacer nada sin Él. No se puede sin Él construir ni establecer nada permanente. Tan solo suyos, sí, de la Divinidad, son el ser, el derecho y el propósito. Y tan solo acatando tal realidad puede el hombre comprenderse y realizarse a sí mismo en Dios, cual persona y cual humanidad social.

Debe, pues, el hombre atender a Dios si quiere llegar a algo verdaderamente estable; de otra manera, apenas tendrá oportunidad de descubrir su pequeñez y ridiculez humana. ¿Qué puede construir un humanismo ateo? su ateísmo es como arena movediza donde se hunden los valores y donde se pierde toda razón valedera y toda posibilidad de acuerdo. ¿Dónde se asentarían los valores que mantengan la armonía y el orden necesarios para la conservación de la vida y su realización, si nadie, aparte de Dios puede garantizar su estabilidad? La naturaleza habla el lenguaje divino; pero aún así, ella está muriendo; está caída y ha quedado a merced de la vanidad (Rom.8:20). Maldición opera en ella que nos arrastra a la corrupción de todo y a la muerte (Gn. 3:17-19). La entropía nos devora. Sí, todo se deteriora a menos que se sustente de la resurrección. La vida solo halla garantía bajo un Protector Omnipotente. La muerte es la sentencia ineludible para todo aquello que pretenda independizarse de Dios. La muerte termina para siempre con las vanas esperanzas.

Es hora ya de deponer el delirio y sentar cabeza. ¡Volvámonos a Dios! y digamos: -Señor, ¿qué dices Tú? ¿Qué debo hacer para obtener la vida eterna? porque ¿podrá acaso la fuerza y la violencia imponer un orden del que resulte vida? ¿Acaso la misma acción de la violencia no es ya estrellarse a sí mismo contra la reacción al mal? Además ¿en qué fundamentaría la violencia su derecho? Justificar sus medios es como ponerse ella misma la soga al cuello. Lo mismo que hizo se hará con ella, envolviéndolo todo en un vértigo de destrucción. ¿No fue tal el caos cosechado en el cierre de los Nibelungos? ¡Wagner! ¿Dónde está Nietzsche y dónde Hitler? ¡Marx! ¿No eres tú el mismo Oulanem de tu tragedia, atormentado por el ineludible infierno, a cuyo abismo no puedes evitar, sino que quieres explotar el obstáculo del mundo, entre el abismo y tú, de modo que más pronto la vacua destrucción se haga cargo por fin de todo? ¡Sartre! ¿No resultó inútil tu pasión? he allí el pan de horror que amasó vuestro delirio. ¡Adam! he aquí tu locura, tu conocimiento del bien y del mal, el fruto de la serpiente: sudor, dolor y polvo; muerte. Bajo el sol, verdaderamente, todo es vanidad. Tan solo hay un cantar: "Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombro; porque Dios traeré toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala." (Salomón, Ecl.12:13,14).

A menos, pues, que reconozcamos el Derecho Divino, no llegaremos a ninguna parte. Su Derecho significa consecuencias para quienes lo ignoren. No es ni siquiera necesaria la amenaza; no se amenaza, se amonesta porque se ama y se quiere evitar que los hombres se estrellen contra el muro infranqueable de la realidad cruda. Hay una realidad. El ser existe y es como es porque tiene un Soberano Dueño. El ser opera según el diseño normativo de su forma esencial y le es imposible eludir su constitución. A cada acción corresponde una exacta contraparte, una reacción, una consecuencia, un efecto equivalente. Todo está conectado y nada está aislado. Recibiremos exactamente lo que dimos; eso será lo mínimo que habremos de recibir; si, lo mínimo.

Es necesaria, pues, la inocencia humana, su libertad de culpa. Al hombre no corresponde establecer lo que es bueno o es malo. Comer de tal árbol no ha significado sino muerte. La comunicación es necesaria para la vida; y para la comunicación son necesarios principios, valores y símbolos estables. La estabilidad requiere validez absoluta, principios inconmovibles. Pero no corresponde a cada hombre fabricarlos. No puede, pues se hallará en continua guerra y lucha contra los demás que hagan como él. También al fuerte le resiste el fuerte, y se anulan y destruyen mutuamente.

Tan solo existe Uno indefectiblemente Fuerte, con el todo-poder, la toda-ciencia y la toda-presencia innatos: Dios, que se revela en Jesucristo, cuyo es el derecho, cuya la herencia, cuya la alabanza, el dominio y la riqueza. Este Rey-Siervo, Auténtico y Eterno, Inexpugnable y Todo-Amor, es la Piedra Angular Fundamental. ¡Es urgente atenderle! Solo del Poder de Dios se deriva todo otro poder auténtico. Solo de la Ciencia de Dios se deriva toda ciencia auténtica. Solo de la Presencia de Dios se deriva toda estabilidad. Calle Dios y todo se tornará en un caos. Solo si Dios delega se posee realmente. Solo si Dios revela se conoce realmente. Solo si Dios establece se afirma algo realmente. Debemos, pues, arraigarnos en Dios, sometiéndonos con sincero acatamiento a Su Santa Voluntad, la cual satisface Dios ejerciendo Su Autoridad Innata. A todo lo demás le queda permiso por poco tiempo.

Dios es, pues, además, el dueño de un propósito eterno que no puede ser revocado. Toda la creación trae el sello o la marca de su propósito. Nada existe sin propósito. Y puesto que existe un propósito, existe también un rumbo, una norma. Y por lo cual también un veredicto, una vara que mide, aprueba o reprueba. Pertenece, pues, a Dios todo derecho. Nada puede escaparse del propósito para lo cual existe como existe. Puede el hombre acatar ese propósito o rebelarse contra él; pero aún así, su rebeldía se doblegará al propósito para el cual fue permitida. Y de cierto recibirá sobre sí la respuesta correspondiente que manifestará el Poder Divino (Rom.9:22).

DÍOS ha revelado su decisión de llenarlo todo con el conocimiento de Su Gloria (Hab.2:13-14), para lo cual se revela en Cristo (I Jn.5:20), reuniendo por El, alrededor de Sí, todas las cosas. Sí, pues efectivamente Dios se ha "propuesto en Sí mismo reunir todas las cosas en Cristo, en la economía del cumplimiento de los tiempos..." (Pablo, ad Ef.l:lO). Todo aquello que sirva al propósito divino en la creación de todas las cosas, contará con el respaldo evidente e inquebrantable del Todopoderoso. Mas aquello que, abusando del permiso al albedrío, elija y pretenda, cual Satán, otra cosa diferente a la que Dios se ha propuesto, entonces hallará que no tiene posibilidad de competir con Aquel, el Primero y el Ultimo, que ha determinado conforme a su naturaleza llenarlo todo de Sí, habiéndonos llamado a participar de su amor y del conocimiento de su gloria. Su propósito es amor y gloria. Sí, un Reino de amor que resplandecerá con su misma gloria. Esto es lo que ha revelado ya desde su corazón, donde todas las cosas están hechas y cumplidas (Ap.21:6), pues su propósito eterno constituye la manifestación y don de su naturaleza eterna, completa y perfecta en sí misma, a través de una familia universal partícipe de Él.

Dios, que se conoce a sí mismo, y cuya imagen igual a sí, y partícipe con El de su esencia, en la que subsiste tal resplandor de Su gloria, cual Su Verbo, ha hecho a este Verbo, su Hijo Unigénito e Imagen igual a Sí, el Heredero y Señor de toda plenitud. ¿Quién, pues, podrá con efectividad oponerse a Dios? pues he aquí que aún ha hecho al impío para el día malo (Prov,16:4); es decir, que al otorgar el albedrío permitió una oportunidad para que se manifestase una rebelión no provocada, y culpable de sí, que a la postre servirá de blanco a la ira de Dios que se revela contra todo lo que reprueba, exponiéndolo y juzgándolo. De modo que aún el mal permitido temporalmente, resultará sirviendo a la gloria de Su santidad; como está escrito: "Por mi mentira, la verdad de Dios abundó para Su gloria" (Pablo, ad Rom.3:7). Y tanto más brillará su gloria cuanto que concedió libertad moral y responsabilidad a las personas de entre sus creaturas. De modo que hará su juicio con absoluta justicia, embelleciéndose además con la misericordia y gracia manifiesta en el Don para aquellos de quienes se compadezca por causa de recibir a Cristo.

Indefectiblemente reconocemos, pues, el Derecho Divino. Derecho por creación y derecho por redención. Es, pues, Dios el Legislador Legítimo, el Ejecutor Legítimo y el Juez Legítimo. En cuanto legislador, al revelar su naturaleza, establece los valores absolutos, pues como lo sostiene Nee en su libro "El Testimonio de Dios", lo que Dios testifica de sí se convierte en ley para los hombres, en dechado. De modo que aún lo creado natural en su estado perfecto se alía a Sus determinaciones morales, amonestando con la conciencia y aún con el dolor. El estado de satisfacción en la naturaleza sana resulta, pues, un eco de lo que Dios aprueba;  en tanto que en sí mismos reciben la retribución los que se extravían del uso natural y sano (Rom.1:23-32). El estándar de lo normal, lo sano y lo natural, son las cosas tal como salieron de la mano de Dios en la creación buena en gran manera en el principio, antes de su perversión por el pecado. Dios  ha  revelado  en el Libro de los  Orígenes  lo  que  salió perfecto de Su mano.

 Fue, pues, el hombre diseñado a Su imagen y semejanza para conocer, contener, vivir y expresar la gloria divina, y señorear apropiadamente de Su parte sobre la naturaleza, sojuzgándola, cultivándola y guardándola. La naturaleza correspondería al hombre de manera que éste hallase una aliada en su colaboración al propósito del Creador. Instituyó Dios desde el principio el matrimonio y la familia para lo cual preparó un Edén. La Tierra era, pues, el marco idílico donde el hombre en familia serviría y adoraría a Dios en inocencia, llevando a plena realización las facultades de su ser diseñado para conocer, contener, vivir y expresar la gloria divina corporativamente. La humanidad debía ser, pues, una familia que llenara toda la Tierra de la gloria divina. La humanidad en pleno, cual Reino Universal de paz y de armonía, mostraría lo que estaba en el corazón de Dios; concretaría Su Economía.

Este propósito divino no puede ser frustrado por la rebelión angélica ni por la rebelión humana. Dios ha conseguido a Un Hombre, Su Verbo encarnado, Jesús de Nazareth, en el cual halló expresión perfecta. Y ahora, por Su Espíritu, lo ha constituido en el sustento de la creación redimida, la nueva creación, que viviendo en Cristo, en el sostén del Espíritu Santo, conforma el Cuerpo que madura hasta la perfección, el cual tiene a su disposición la autoridad del Nombre del que sobre todo es Señor, para traerlo todo bajo la planta de sus pies. Dios reconcilia, pues, por Cristo, cuyo Vicario es Su Espíritu, y cuyo vehículo Su Cuerpo Místico. Con la Segunda Venida de Cristo, cuando regrese en majestad y gloria, en las cuales fue ya visto por testigos en el Monte de la Transfiguración, entonces ahora sí del todo, y ya con mano dura, barrerá la Tierra de todo lo irredento, lo que no se acogió a la paciencia de su redención. Mientras tanto labora, revelándose a y operando en los hombres; edificando el Reino que es propósito eterno de cumplimiento fácil para Dios, que no solo es todopoderoso, sino que en sí mismo ya lo ha hecho y consumado en su seno. Y despliega en el tiempo, sobre el cual está, las etapas del palpitar de su gloria.

Hay, pues, esperanza para la humanidad. Le basta acomodarse al propósito divino; arrepentirse y recibir a Cristo, viviendo progresivamente por El en la justicia del Reino de Dios, con la que está preñada Su Esposa que es el cuerpo místico de Cristo, y en cuyo vientre espiritual, el hombre nuevo interior, se forma la estatura corporativa del Varón Perfecto, devolviéndonos la gloria perdida de la imagen y semejanza de Dios, para expresarse en familia y en la Tierra. No podemos, pues, menos que orar con Jesús diciendo: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre; venga Tu reino, y hágase Tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo" (Mt.6:9-10). Aliándonos al Ejecutor Divino, sujetos al Espíritu de Cristo y en El fortalecidos, tenemos el éxito asegurado. Abramos, pues, las puertas a Su Espíritu, puesto que suyo es el derecho, y solo en su poder y virtud ha querido Dios llevar a cabo su irreversible plan. A nada es, pues, lícito resistir  con éxito  al  poder del  Espíritu  Santo. El  Ejecutor Legítimo es omnipotente.

Dios es también el Juez Legítimo en cuanto diseñador de las responsabilidades y estructurador de la naturaleza, la conciencia y la moral; y en cuanto fin teleológico de todas las cosas. Ante El volveremos todos a dar cuenta de sí, comenzando con la cosecha presente. Todas las evidencias estructurales señalan la existencia de ese Tribunal acerca del cual se ha hecho también revelación (Ap.20:11-15). En cambio el agnóstico no tiene ninguna garantía de su futura nada, ni de su salirse con la suya. El escéptico se arriesga locamente y su misma incredulidad es una creencia ciega y una esperanza incierta. Pero ¿cómo escapará a su responsabilidad si fue advertido? lo más probable es que resulte declarado injusto, pues que para otros menesteres sí supo usar su fe natural y su sentido común. La ignorancia voluntaria y el "olvido ontológico" lucirá cual ánimo cómplice de rebelión. Rebelarse es destruirse a sí mismo; es hacer violencia a nuestra propia estructura; es delirar por un momento hasta caer aplastados ante la ineludible sentencia de muerte. Lo finito se debe a lo infinito, y la parte se debe al todo. Somos apenas una parte que tarde o temprano se descubre ineludiblemente diseñada para un propósito divino; sí, conforme a una causa teleológica. La sabiduría es ver la realidad y adaptarse a ella perfectamente. Antes de morir, C. G. Jung, el famoso psicoanalista de la religión, preguntado por su opinión acerca de Dios, dijo que era todo aquello que no podríamos cambiar; y aconsejó para la salud psíquica, no resistir lo irresistible, sino amoldarse a lo inevitable.

La declaración acerca del Derecho Divino hace enfurecer a muchos; y en parte comprendemos su reacción; no porque nos hagamos cómplices de su incredulidad y rebeldía, sino porque parte de ella se debe a los deleznables abusos cometidos en la historia escudados vilmente bajo el nombre de Dios, proyectando sobre El las vilezas humanas. Por lo cual ya había escrito el Apóstol Pedro en su segunda carta: "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al Señor que los compró, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas..." (2Pd.2:l-3a). De modo que el camino de la verdad es blasfemado por causa de aquellos profesantes fingidos y rapaces que, protegiéndose con el disfraz de la religión, y siendo desleales a Dios y a su Cristo, se aprovechan de la ingenuidad e indoctez de los muchos para canalizar hacia sí glorias, ganancias y placeres injustos. Estos son los responsables, en parte, de la furia contra el Derecho Divino. Sin embargo, en la economía de Dios, esto no era sorpresivo, sino por el contrario, estaba ya preconocido y previsto por un período. Y se concedió oportunidad a la cizaña para infiltrarse entre el trigo y causarle tropiezos, con el propósito de probar y madurar a los fieles y exponer a los infieles con miras a un posterior período de juicio dentro de la Economía Divina, que sin embargo se anticipa ya mediarte las acertadas correcciones a lo largo del camino histórico. Por otra parte también, los fracasos en la historia sirven como lecciones para el aprendizaje, de modo que los entendidos y fieles sepan en qué dirección hacer sus elecciones.

Los incrédulos ya deberían de haberse dado cuenta de que su incredulidad está vieja y caduca, y que sus experimentos ateos y pseudo-humanistas han fracasado rotundamente. ¿O es que acaso harán desvergonzadamente uso de la mentira dogmática, olvidando que condenaron en los medievales al dogmatismo? ¿Entonces queréis para vosotros e1 supuesto derecho a las fachadas y a las falsas esperanzas? ¿Os alucináis voluntariamente con el oropel de vuestros "paraísos" artificiales modernos? ¡He allí que estáis más cerca del fuego destructor que cualquier generación anterior, y la nueva clase nomenclaturista os manipula hollando vuestra dignidad integral! ¿Cómo fue que intentando fabricar la "civilización" moderna y con egoístas manos un paraíso humanista, lo habéis llenado todo de humo, ruinas y basuras fatales, donde la peste y el hambre señorean, la opresión, la intriga y el temor enervan, y el hastío os convirtió en el blanco de vuestras mismas armas? La gran mayoría se halla atrapada en las redes del laboratorio experimental de unos delirantes y atropelladores temerarios que parecen no saber lo que hacen, aunque quizá sí presienten en su fuero íntimo que también están pecando. ¿Qué entonces? mientras los otros sufren las consecuencias de sus decisiones elitistas, y sufren el atropello de su dignidad, éstos oportunistas ávidos, mientras les queda tiempo, se embriagan a sus anchas en sus privilegios, a la vez que prolongan sus vacaciones dejando caer de su mesa las migajas de promesas incumplidas para el también futuro de escatología materialista y terrenal, puesto que no quisieron creer en la celestial; pero si su conciencia les guía a creer, no se comprometen aún a fondo con ella.

¡Robespierre, íntimo amigo del diabólico Adam Weishaupt, cofundador con la dinastía Rothschild de la sociedad luciferiana de los "Iluminati", según el testimonio de Lance Collins y Mike O'Connors, ¿no dudaremos del todo de vuestras "buenas intenciones"? ¿podremos acaso cerrar los ojos al hecho de que las promesas de vuestra aureolada revolución francesa se cumplieron de modo muy distinto al esperado? He allí masacrados vuestros soldadillos, sobre cuya sangre sentaron a la pretendida diosa y meretriz dizque "razón", la que lo único que pudo entregar a su pueblo fue el absolutismo del terror. ¡Montesquieu! si el espíritu de las leyes no está en personas regeneradas, aquellas se quedan en el papel cual juguete de oportunistas perversos que aprovechan las contradicciones de la república para enmascarar y dilatar sus egoísmos. Las instituciones se convierten entonces en férreos instrumentos de opresión, si no están en manos de gente sana. Sanemos primero a la misma gente comenzando por nosotros mismos en virtud de Dios.

Razón tenía Salomón cuando se lamentaba en su libro de la Vanidad de las Vanidades: "Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos; porque de la cárcel salió para reinar, aunque en su reino nació pobre. Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquel. No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos con él. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu" (Ec1.4:13-16).i Hitler! ¿acaso luchabas para que te partieran a Alemania? ¿no era acaso espacio vital para tus arios lo que buscaba la flor y nata de tus jóvenes? ¡pero hallaron la muerte debajo de los escombros después de haber mancillado sus conciencias en los campos de concentración! El esperado paraíso ario resultó un infierno; ¡dos infiernos! debería más bien decir: uno, durante la Guerra Mundial; otro, el Seol que abrió su boca para tragar las almas de los muertos cómplices.

¿Y será acaso necesario que hablemos de la vieja Cortina de Hierro?, ¿del Archipiélago Gulag?, ¿o de los antros occidentales y su arrastre de miserias capitalistas?, etc.. ¡Dios tiene derechos y olvidarlos es fatal! Pero ¡ay de aquel que llenándose la boca con el nombre de Dios, en vez de dar codicia, en vez de servir oprime, en vez de perdonar mata, en vez de renunciar roba, en vez de esclarecer confunde, en vez de humillarse se exalta, en vez de reconocer con equidad se obstina injustamente! ¡Dios tenga misericordia y nos conceda el sincero arrepentimiento! ¡Y vosotros, burladores maquiavélicos, tened presente que vuestra sonrisita no será eterna; podéis entrar de cabeza al Hades ya adoloridos dentro de poco tiempo!

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