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(2) DE LA DIGNIDAD DE LA RESPONSABILIDAD HUMANA

Por Gino Iafrancesco V. - 31 de Enero, 2009, 23:44, Categoría: General

PRINCIPIOS DE DERECHO TRASCENDENTAL (2)


DE LA DIGNIDAD DE LA RESPONSABILIDAD HUMANA.

 

 No podemos dejar de reconocer a la responsabilidad humana como la otra cara necesariamente correspondiente al Derecho Divino. Sí, la moneda tiene dos caras inseparables: al Derecho Divino corresponde la responsabilidad humana. El hombre encuentra al universo hecho, a la naturaleza dispuesta y a la creación evidente en su diseño teleológico. Se encuentra también a sí mismo colocado en su sitial en el que él mismo no se colocó; y se descubre facultado con el albedrío y dotado, entre otras cosas, con conciencia y voluntad. Rodeado está además de señales indicadoras que le muestran los efectos de sus actos, por lo menos en parte; y se hace sabio el hombre relacionando tales efectos a sus causas. Y ve el hombre que él mismo es causa de muchos efectos, y éstos últimos tienen tal contundencia que afectan, a veces hasta irremediablemente, para bien o para mal, todo el contexto de la realidad.

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En cierto modo, se descubre, pues, el hombre como hecho dominador, tal como realmente lo sostiene la Revelación Divina: "Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Tomó,  pues,  Jehová  Dios al hombre,  y lo puso  en  el huerto de Edén,  para que lo labrara y lo guardase."  (Gn. 1:26-28;  2:15). Por lo cual también se admiraba David por el Espíritu Santo:  "Cuando veo tus cielos,  obra de tus dedos, la luna y las estrellas  que tú formaste,  digo:  ¿qué es el hombre,  para  que tengas de él memoria,  y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria de honra.  Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo  las  bestias del campo,  las aves de los cielos  y  los yes del  mar;  todo  cuanto pasa por los  senderos  del  mar." (Salmo.8:3-8).

Pero,  a la vez,  el tipo de dominio   del hombre se le devuelve en consecuencias correspondientes,  de    modo que puede fácilmente, de señor,  pasar  a ser esclavo;  y no encuentra  escapatoria,  sino  cuando, cual dueño, sirve; y entonces es servido por lo que posee. Servicio mutuo y total es la única clave que le liberta de la violencia de las consecuencias. Los efectos y las consecuencias señalan al hombre su responsabilidad, además de lo que hace la Revelación Divina; y señalan, por lo tanto también, su culpabilidad. El hombre había de ser libre y por lo tanto responsable; mas como responsable ha llegado a ser culpable y perverso.   Correspóndele, pues, asumir  el         compromiso  de   la restitución, sostenido por la gracia divina,  si no quiere  ahogarse  más  y       más  en  la  severa estrechez de su propia violencia, injusticia y culpa; como está escrito en los Proverbios: "El cruel se atormenta a sí mismo"(Prv.11:17). ¿Acaso sería necesario dar ejemplos de los que está llena la historia? ¿Y tu propia vida no ha comenzado a sentir ya el peso de sus propios pasos? Es necesario, pues, meditar bien antes de cada paso; y necesario es elegir lo justo; es decir, lo que corresponde al Derecho Divino, ya que Dios es Soberano en sus disposiciones sobre la creación, a la cual ha estructurado con sus debidas retribuciones y compensaciones, en esta vida y en "la otra". ¡Hemos llegado tarde, señores y señoras; Dios nos ha ganado la carrera! ¡El llegó primero y es una locura hacerse el tonto o pretender escapar! No, pues ni siquiera "llegó" Dios. Ya estaba allí desde el comienzo. ¡Señor, a Tí la honra y gloria!.

El hombre es responsable ante Dios, ante Su Revelación, ante su conciencia; sí, aún ante sí mismo, y ante los demás, en la misma medida que exija de ellos; al menos en la medida que establece Dios. Es responsable el hombre ante la naturaleza. Y en fin, ante toda la realidad, siendo como es, una parte entroncada de ella. ¡El hombre es responsable! y ¡Dios es el Soberano!

Responsabilidad implica necesariamente retribución. Dentro del círculo cerrado de la existencia, todo movimiento de nuestra parte hacia adelante significa un desenlace que desencadenará una influencia cual “dominó", echando pieza tras pieza, hasta que nuestro propio movimiento nos alcance desde atrás al cerrarse el círculo. El círculo de la existencia pasa por variar dimensiones; por esta vida y por la vida de ultratumba. No cerremos necia y voluntariamente los ojos a las evidencias del más allá. La actitud del avestruz no nos esconderá, sino que nos hará presa más fácil. ¿Has encarado con verdadera seriedad las evidencias sobrenaturales? ¡Dios existe, los ángeles también, y los demonios, y los espíritus de los muertos, y los fenómenos espirituales! La esfera del más allá forma parte del círculo de la existencia y forma parte del juego de las consecuencias y de la estructura de la retribución y las compensaciones.

La maldad, la picardía y la "vivez" (que es idiotez) en este mundo, llevan en la cola un aguijón que atormenta; sí, ya desde este mundo; pero especialmente en el "otro", en el mundo de los espíritus encarados definitivamente a su responsabilidad. Porque el alma no escapará siempre; hay un pasaje donde será por fin atrapada. Ese pasaje es la muerte. Sólo en Cristo hay "borrón y cuenta nueva", perdón y nuevo comienzo debido a Su Muerte Expiatoria y a Su Resurrección. La "cuenta nueva" es vida de resurrección, regeneración, renovación, restitución y adecuación perfecta  a la voluntad divina revelada, que es lo que  por  doble derecho divino corresponde; doble, por creación y redención. De la misma manera, el hombre que rechaza su propia redención en Cristo, se hace doblemente culpable; y entonces definitivamente reo  de destrucción eterna.

 

Dado que es el hombre mismo quien cosechará sobre sí los efectos de sí mismo, de su propia responsabilidad, entonces resulta que su dignidad es insoslayable; no puede ser pasada por alto. Ha sido puesto en las manos de cada hombre algo tan sagrado que le hace dignísimo. No puede sospecharse de 'cosa más digna que la responsabilidad del hombre sobre sí ante Dios.

La medida del privilegio es la medida de la responsabilidad, pues conforme a como se le fue dado, se le será demandado. Y puesto que no a todos se les dio igual, no a todos se les demandará igual, sino a cada uno conforme a lo recibido. La demanda aumenta o disminuye con el privilegio en forma directamente proporcional. ¡Ay de ti hombre privilegiado, si olvidas lo que te será demandado! ¡Tus privilegios son tan solo capacidad para servir; la cual, si conviertes en arma egoísta para aplastar a otros y aprovecharte de ellos, retornará a ti para cobrarte deudas la medida de tu responsabilidad!

Dejad, pues, a cada uno hacerse responsable hasta donde le sea dado. No violentará Dios el albedrío que quiso conceder al hombre. Tampoco aprueba, pues, Dios moralmente la violencia injusta contra el albedrío humano, aunque la permita. Pero una cosa sí es segura: el albedrío se encontrará consigo mismo y beberá enteramente su propio cáliz, las heces de su resolución. He allí la capitulación de Nietzsche ante el eterno retorno. Con mucha razón concluía Salomón: "Respecto de lo que es, ya ha mucho que tiene nombre y se sabe que es hombre y que no puede contender con Aquel que es más poderoso que él" (Ecl.6:10).

El bien  general  solo resultará de  alianzas  dignas  y  leales, sustentadas  en los principios y valores de la Naturaleza  Divina, voluntariamente reconocidos,  aceptados, apropiados y asimilados. Entonces  la Gloria Divina se manifestará en la Economía  de  la Familia  de Dios.  Y en las tinieblas de afuera vagarán en eterna perdición los miserables de natura homicida.  Además, también hay provisión  para  defenderse hoy y aquí de aquellos  que  usen  su albedrío  en contra de los principios y valores absolutos que  ha revelado Dios de Su Naturaleza,  haciéndolo evidente a través del Espíritu de Jesucristo.

La dignidad humana en su responsabilidad está también frente a la Dignidad de Dios, de Su Revelación, de la conciencia y de los demás. Aún, se halla también la dignidad de la responsabilidad humana frente a la dignidad de las leyes naturales de aquí, de allá y del más allá. Frente a Dios, el hombre recibirá de Dios. Frente a su conciencia, el hombre recibirá de ella. Y frente a los demás, recibirá de ellos su compensación; de otro modo, de Dios no podrá escapar. Lo mismo le dará la naturaleza. El hombre llevará sobre sí mismo el peso de su tipo de relaciones. Sus ajustes o desajustes le afectarán indefectiblemente en la hora apropiada de la que no podrá escapar, porque el hombre no es el Omnipotente. Pero también, la dignidad de la responsabilidad humana hace al hombre poseedor de innegables derechos.

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