No podemos dejar de
reconocer a la responsabilidad humana como la otra cara necesariamente
correspondiente al Derecho Divino. Sí, la moneda tiene dos caras inseparables:
al Derecho Divino corresponde la responsabilidad humana. El hombre encuentra al
universo hecho, a la naturaleza dispuesta y a la creación evidente en su diseño
teleológico. Se encuentra también a sí mismo colocado en su sitial en el que él
mismo no se colocó; y se descubre facultado con el albedrío y dotado, entre
otras cosas, con conciencia y voluntad. Rodeado está además de señales
indicadoras que le muestran los efectos de sus actos, por lo menos en parte; y
se hace sabio el hombre relacionando tales efectos a sus causas. Y ve el hombre
que él mismo es causa de muchos efectos, y éstos últimos tienen tal
contundencia que afectan, a veces hasta irremediablemente, para bien o para
mal, todo el contexto de la realidad.
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En cierto modo, se
descubre, pues, el hombre como hecho dominador, tal como realmente lo sostiene
la Revelación Divina: "Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las
aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se
arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios
lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y
multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar,
en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
Tomó,pues,JehováDios al hombre,y lo pusoenel huerto
de Edén,para que lo labrara y lo
guardase."(Gn. 1:26-28;2:15). Por lo cual también se admiraba David
por el Espíritu Santo:"Cuando veo
tus cielos,obra de tus dedos, la luna y
las estrellasque tú formaste,digo: ¿qué es el hombre,paraque tengas de él memoria,y el
hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles,
y lo coronaste de gloria de honra.Le
hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus
pies: ovejas y bueyes, todo ello, y asimismolasbestias del campo,las aves de los cielosylos
yes delmar;todocuanto pasa por lossenderosdelmar." (Salmo.8:3-8).
Pero,a la vez,el tipo de dominiodel hombre se
le devuelve en consecuencias correspondientes,demodo que puede fácilmente, de
señor,pasara ser esclavo;y no encuentraescapatoria,sinocuando, cual dueño, sirve; y
entonces es servido por lo que posee. Servicio mutuo y total es la única clave
que le liberta de la violencia de las consecuencias. Los efectos y las
consecuencias señalan al hombre su responsabilidad, además de lo que hace la
Revelación Divina; y señalan, por lo tanto también, su culpabilidad. El hombre
había de ser libre y por lo tanto responsable; mas como responsable ha llegado
a ser culpable y perverso.Correspóndele,
pues, asumirelcompromisodela restitución, sostenido por la gracia
divina,si no quiereahogarsemásymásenlasevera estrechez de su propia violencia, injusticia y culpa; como está
escrito en los Proverbios: "El cruel se atormenta a sí mismo"(Prv.11:17).
¿Acaso sería necesario dar ejemplos de los que está llena la historia? ¿Y tu
propia vida no ha comenzado a sentir ya el peso de sus propios pasos? Es
necesario, pues, meditar bien antes de cada paso; y necesario es elegir lo
justo; es decir, lo que corresponde al Derecho Divino, ya que Dios es Soberano
en sus disposiciones sobre la creación, a la cual ha estructurado con sus
debidas retribuciones y compensaciones, en esta vida y en "la otra".
¡Hemos llegado tarde, señores y señoras; Dios nos ha ganado la carrera! ¡El
llegó primero y es una locura hacerse el tonto o pretender escapar! No, pues ni
siquiera "llegó" Dios. Ya estaba allí desde el comienzo. ¡Señor, a Tí
la honra y gloria!.
El hombre es
responsable ante Dios, ante Su Revelación, ante su conciencia; sí, aún ante sí
mismo, y ante los demás, en la misma medida que exija de ellos; al menos en la
medida que establece Dios. Es responsable el hombre ante la naturaleza. Y en
fin, ante toda la realidad, siendo como es, una parte entroncada de ella. ¡El
hombre es responsable! y ¡Dios es el Soberano!
Responsabilidad implica
necesariamente retribución. Dentro del círculo cerrado de la existencia, todo
movimiento de nuestra parte hacia adelante significa un desenlace que
desencadenará una influencia cual “dominó", echando pieza tras pieza,
hasta que nuestro propio movimiento nos alcance desde atrás al cerrarse el
círculo. El círculo de la existencia pasa por variar dimensiones; por esta vida
y por la vida de ultratumba. No cerremos necia y voluntariamente los ojos a las
evidencias del más allá. La actitud del avestruz no nos esconderá, sino que nos
hará presa más fácil. ¿Has encarado con verdadera seriedad las evidencias
sobrenaturales? ¡Dios existe, los ángeles también, y los demonios, y los
espíritus de los muertos, y los fenómenos espirituales! La esfera del más allá
forma parte del círculo de la existencia y forma parte del juego de las
consecuencias y de la estructura de la retribución y las compensaciones.
La maldad, la picardía
y la "vivez" (que es idiotez) en este mundo, llevan en la cola un
aguijón que atormenta; sí, ya desde este mundo; pero especialmente en el
"otro", en el mundo de los espíritus encarados definitivamente a su
responsabilidad. Porque el alma no escapará siempre; hay un pasaje donde será
por fin atrapada. Ese pasaje es la muerte. Sólo en Cristo hay "borrón y
cuenta nueva", perdón y nuevo comienzo debido a Su Muerte Expiatoria y a
Su Resurrección. La "cuenta nueva" es vida de resurrección,
regeneración, renovación, restitución y adecuación perfectaa la voluntad divina revelada, que es lo
quepordoble derecho divino corresponde; doble, por creación y redención. De la
misma manera, el hombre que rechaza su propia redención en Cristo, se hace
doblemente culpable; y entonces definitivamente reode destrucción eterna.
Dado que es el hombre
mismo quien cosechará sobre sí los efectos de sí mismo, de su propia
responsabilidad, entonces resulta que su dignidad es insoslayable; no puede ser
pasada por alto. Ha sido puesto en las manos de cada hombre algo tan sagrado que
le hace dignísimo. No puede sospecharse de 'cosa más digna que la
responsabilidad del hombre sobre sí ante Dios.
La medida del
privilegio es la medida de la responsabilidad, pues conforme a como se le fue
dado, se le será demandado. Y puesto que no a todos se les dio igual, no a
todos se les demandará igual, sino a cada uno conforme a lo recibido. La
demanda aumenta o disminuye con el privilegio en forma directamente
proporcional. ¡Ay de ti hombre privilegiado, si olvidas lo que te será
demandado! ¡Tus privilegios son tan solo capacidad para servir; la cual, si
conviertes en arma egoísta para aplastar a otros y aprovecharte de ellos,
retornará a ti para cobrarte deudas la medida de tu responsabilidad!
Dejad, pues, a cada uno
hacerse responsable hasta donde le sea dado. No violentará Dios el albedrío que
quiso conceder al hombre. Tampoco aprueba, pues, Dios moralmente la violencia
injusta contra el albedrío humano, aunque la permita. Pero una cosa sí es
segura: el albedrío se encontrará consigo mismo y beberá enteramente su propio
cáliz, las heces de su resolución. He allí la capitulación de Nietzsche ante el
eterno retorno. Con mucha razón concluía Salomón: "Respecto de lo que es,
ya ha mucho que tiene nombre y se sabe que es hombre y que no puede contender
con Aquel que es más poderoso que él" (Ecl.6:10).
El biengeneralsolo resultará dealianzasdignasyleales, sustentadasen los principios y valores de la
NaturalezaDivina, voluntariamente
reconocidos,aceptados, apropiados y
asimilados. Entoncesla Gloria Divina se
manifestará en la Economíadela Familiade Dios.Y en las tinieblas de
afuera vagarán en eterna perdición los miserables de natura homicida.Además, también hay provisiónparadefenderse hoy y aquí de aquellosqueusensu albedríoen contra de los principios y valores absolutos queha revelado Dios de Su Naturaleza,haciéndolo evidente a través del Espíritu de
Jesucristo.
La dignidad humana en
su responsabilidad está también frente a la Dignidad de Dios, de Su Revelación,
de la conciencia y de los demás. Aún, se halla también la dignidad de la
responsabilidad humana frente a la dignidad de las leyes naturales de aquí, de
allá y del más allá. Frente a Dios, el hombre recibirá de Dios. Frente a su
conciencia, el hombre recibirá de ella. Y frente a los demás, recibirá de ellos
su compensación; de otro modo, de Dios no podrá escapar. Lo mismo le dará la
naturaleza. El hombre llevará sobre sí mismo el peso de su tipo de relaciones.
Sus ajustes o desajustes le afectarán indefectiblemente en la hora apropiada de
la que no podrá escapar, porque el hombre no es el Omnipotente. Pero también,
la dignidad de la responsabilidad humana hace al hombre poseedor de innegables
derechos.